martes, 20 de junio de 2017

Mediatín

¿Mediatín, mediantín, o mediantino?


Mediatín
CH p. 68
(...) aunque las labranzas son pequeñas, todavía se emplean algunos mediatines, que llamamos.
Mediatín: Tierra que se trabaja entre dos labradores, repartiendo los esfuerzos y los beneficios. (Investigación de campo)

En estos términos encontramos las dos primeras clases impartidas por el profesor de lenguaje rural.
La tercera clase se amplió un poco. Quedó como sigue:

mediatín
(…) aunque las labranzas son pequeñas,  todavía se emplean algunos mediatines, que llamamos.
Mediatín: también llamado “mediantín”. Tierra que se trabaja entre dos labradores, repartiendo los esfuerzos y los beneficios. Se dan dos posibilidades: 1. que uno ponga la tierra y otro el esfuerzo; 2. Que los dos labradores junten sus pequeñas tierras. (Investigación de campo)

Son –aproximadamente- las siete horas y treinta minutos de la tarde del día 7 de junio de 2017, cuando en el dial de la radio se escucha la voz del profesor. Oigamos, y escuchemos, lo que nos dice:

Buenas tardes. Me preguntáis hoy por los mediatines: bueno, mediatínes, o mediantines, con una ene, de más, que también lo he oído así en otras partes de Castilla y León. Delibes nombra la palabra mediatín en el capítulo XI de Castilla habla, y el escritor, en este capítulo, está en Campaspero, provincia de Valladolid, y charla con dos octogenarios que le cuentan entonces -hablamos de los años 80- que, aunque las labranzas eran pequeñas, todavía se empleaban algunos mediatines. Se referían, esta gente -este par de ancianos- a la tierra que se trabaja entre dos labradores, repartiendo esfuerzos y beneficios. Esto de mediatín tenía dos posibilidades: en la primera uno ponía la tierra, y otro el esfuerzo y, en la segunda posibilidad, los dos labradores juntaban sus pequeñas tierras. Hombre, los usos y costumbres de nuestros labradores han ido cambiando con los tiempos, pero bueno, al menos nos quedan las palabras que ellos nombraban.

Ahora pasamos a lo que Delibes dice que escuchó de los dos octogenarios campasperanos según el libro “Castilla habla” Pág. 68. Ahí va:

(…) Todo lo que hay en este pueblo es propiedad, sí señor, y, aunque las labranzas son pequeñas, todavía se emplean algunos mediatines, que llamamos. (…)

Si el señor profesor hubiera seguido leyendo –y comprendiendo- "Castilla habla", se habría dado cuenta de que por los años ochenta, en Campaspero, empezaba a pintar bastos: el agua empezaba a escasear y sabido es que, en agricultura, si el agua blega, la productividad se reduce de manera considerable.

Entonces, no es de extrañar que los octogenarios Jesús García Acebes y Jesús García García le digan al escritor que todavía se emplean (trabajan la tierra) algunos mediantinos -que es lo correcto-. Es lo mismo que decir que aún trabajan algunos labradores medianos (medianillos diríamos en mi pueblo).

Ved cómo lo recoge nuestro colega y amigo Oroncio Javier García Campo, en “CAMPASPERO: LÉXICO Y FORMA DE HABLAR DE SUS GENTES”. Si buscamos la palabra, veremos que lo correcto es:

El de la foto fue un labrador mediano (Mediantino
 en Campaspero).

Mediantino: labrador que no era ni rico ni pobre. Tenía una pareja de machos y unas tierras, con lo que vivía modestamente.

Abundando un poco más en la posibilidad de consulta diré –para los posibles interesados- que CAMPASPERO: LÉXICO Y FORMA DE HABLAR DE SUS GENTES” se puede consultar en la Fundación Joaquín Díaz en Urueña (Valladolid).

Hechas estas puntualizaciones entramos en lo que el profesor entiende y el sentido que le da a la palabra mediatín/mediantín. Señor profesor: aquello que usted entiende como “uno pone la tierra y otro el esfuerzo” no se llama mediatín, ni mediantín, aquello se llama medianero o, también, aparcero (agricultores medianeros o aparceros): uno pone la tierra, o sea una mitad, y el otro pone el esfuerzo –otra mitad-, con lo que se cerraría el circuito; trabajan la labranza a medias: son medianeros o, repito: aparceros.

En la segunda parte que el señor profesor también entiende como mediatín o mediantín, sencillamente es trabajar las tierras en conjunto (forman una pequeña sociedad). Caso que por mi tierra desconozco. Otra cosa es que dos labradores se unan para formar un yunta para poder labrar (cada uno su tierra), en cuyo caso uno pone una mitad de la pareja y el otro la otra mitad. Esto se llama de otra manera: acoyuntar.

O sea, según los campasperanos, Oroncio Javier García y este humilde anciano ex agricultor…

Mediantín/mediantino: labrador de clase media. Labrador que tenía una labranza media (tamaño medio) que le permitía ganarse los gabrieles.

Par más información: “La pizarra de Gaude”. Pero si quieres información de primera mano ponte en contacto con Oroncio Javier García Campo, en Campaspero (Valladolid). Oroncio Javier es –sin trampa ni cartón- verdadero experto en lenguaje rural.

Si lo dicho ha servido para que el señor profesor prepare su próxima clase, seguro que será mucho más interesante para sus posibles alumnos.

Hasta aquí puedo llegar en:


Camporredondo, 8 de junio de 2017.

domingo, 11 de junio de 2017

Oteando

Apoyándose en la obra de Delibes “El camino”, hoy, -19 de mayo de 2017- el profesor se propuso impartir su clase de lengua sobre la palabra “otear”. Buscó en el DLE y, de las dos acepciones que el diccionario recoge -para aclarárselo a sus alumnos-, eligió la primera (estaba más a mano), y ésta dice:

otear
Der. Del ant. oto'alto1', y este del lat. altus.
1. tr. Registrar desde un lugar alto lo que está abajo.

O sea, otear, -desde la puerta de la calle- según dijo el profesor:
El párroco oteó las proximidades (El camino) Otear: Registrar desde un lugar alto lo que está abajo.

Como yo –alumno de entendederas muy limitadas- no creo que el párroco -en la puerta de la calle-estuviera observando desde un “lugar alto (otero) lo que está abajo”, busco en el Diccionario de la lengua española y veo que recoge una segunda acepción. Ésta:

2. tr. Escudriñar, registrar o mirar con cuidado.

¡Tate! dije, esto me cuadra: el párroco escudriñó, registró, miró con cuidado y cuando se cercioró de que nadie ajeno podía oírle se dirigió a Daniel, el Mochuelo, porque podía tener algo que ver en aquel milagro y le dijo:
“buena la has hecho, hijo, buena la has hecho”

Escribe Delibes en “El camino”:
“(…) En la puerta de la calle, don José, el cura, que era un gran santo, se tropezó con Daniel, el Mochuelo, que le observaba a hurtadillas, tímidamente. El párroco oteó las proximidades y como no viera a nadie en derredor, sonrió al niño, le propinó unos golpecitos paternales en el cogote, y le dijo en un susurro.
Buena la has hecho, hijo; buena la has hecho. (…)”.

Después de leer esto, me ha parecido ver, y entender, que el párroco no oteaba desde el lugar alto (otero) que domina un llano la progresión de los indios por la llanura, sino que, desde la puerta de la calle escudriñó, registró, miró con cuidado, y al observar que nadie ajeno podía escuchar lo que decía, se dirigió al niño y, tras propinarle unos golpecitos paternales en el cogote dijo: buena la has hecho hijo, buena la has hecho.

Conclusión: el señor profesor se olvidó de que la clase versaba sobre la obra de Delibes “El camino” y transformó la puerta de la calle en un “otero” (lugar alto que domina un llano) y, posiblemente, a los habitantes del pueblo, en los indios galopando por la llanura del oeste americano.


Camporredondo 21 de mayo de 2017.

lunes, 5 de junio de 2017

El profesor y el matacán.

Hace ya algunos años, al parecer auspiciado por la Diputación Provincial y la universidad de Valladolid, el profesor se lanzó a explorar este mundo maravilloso –nunca fácil- en el que nací hace muchos decenios: el mundo rural.

Cuando el profesor creyó tener preparada su clase, cuando creyó que sabía -pero no sabía, pues ni siquiera había leído la historia de “El matacán del majuelo” en “Viejas historias de Casilla la Vieja”- se armó de valor -porque valor sí tenía- y añadió a su glosario de palabras, esta de hoy: matacán. Lo que le salió lo comprobaréis a continuación:

Matacán
VHCV p. 77, passim
El
matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle.
matacán.
3.
m. Liebre que ha sido ya corrida por los perros
.
Cómo desconocía la palabra matacán acudió al Diccionario de la real academia española (DRAE entonces) y acertó en que, el matacán, era una liebre: pero nada más.

Pasado el tiempo el profesor -sí sé dónde- se informó, leyó, y asimiló un poco más. El profesor va aprendiendo, despacio, pero progresa.

24 de mayo de 2017. Son las siete horas y veinticinco minutos aproximadamente, cuando suena en el altavoz de la radio el “dialecto agrario”, escuchemos:

Buenas tardes queridos cazadores y buenas tardes queridos oyentes. Digo queridos cazadores, porque la palabra que tratamos hoy se mete de lleno en el terreno de los cazadores. Es palabra que se oye entre la gente que va de caza, también se oye en los pueblos, y a penas se escucha en la ciudad. En ocasiones Miguel Delibes explicó el significado de la palabra rural que estaba escribiendo, como es el caso de la palabra de hoy: matacán. Dice Delibes en un libro llamado “Viejas historias de Castilla la Vieja” que, el matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle. Por cierto, el empleo de la, en un par de ocasiones en Delibes, luego ya se modificó por ley, que sería lo correcto. Nos encontramos por tanto ante una liebre experimentada que ha tenido que correr muchas veces huyendo de otros predadores, de galgos, de cazadores… y todas estas carreras enmagrecen su cuerpo. Es curioso, en “Viejas historias de Castilla la Vieja” el matacán que nombra Delibes es casi una cuestión de estado para los vecinos del pueblo, no había manera de matarlo y el pueblo entero sale al campo para acabar con él y al fin lo logran. Al matacán le va muy bien el dicho español que dice… “el diablo es más sabio por viejo que por diablo”.

Ejemplo de matacán, encontrado en internet

Como acabamos de leer, parece que ha aprendido que para que la liebre llegue a matacán, no necesariamente, debe ser corrida por los perros (que es lo que nos dijo en su primera clase). Desde que la liebre nace, su supervivencia principalmente depende de sus patas. Así la (aunque lo correcto sea le, yo soy de pueblo) toca, siempre, correr delante de los muchos depredadores que tiene. De forma que puede llegar a matacán sin haber corrido delante de un perro (aunque así lo afirme, también, el DLE). El caso de “El matacán del majuelo” de Delibes, es muy similar al de “el matacán de los majuelos de “La Gamarra” en Camporredondo, que cuando le descubrieron los galgueros y sus galgos ya no había dios que "-nunca mejor dicho-" le echara un galgo.

Pero decía que va aprendiendo despacio, porque todavía no entiende cómo se expresa el ser humano rural. Cuando dicen “¡al suelo todo el mundo!”, no quiere decir que el mundo entero se agaville, no. Si el escritor dice que todo el pueblo marchó tras él, se está refiriendo a todo el pueblo cazador, o aficionado a la caza. No, todo el pueblo no salió en persecución del matacán, ni hizo cuestión de estado. Lo que Delibes quiere decir, y dice, es que salieron unos cuantos aficionados y dos escopeteros, de los que, uno de ellos, de dos disparos dio muerte al matacán. Así que el pueblo entero no dio muerte al matacán y ¿sabe el señor profesor por qué fue así? Pues porque el resto de habitantes del pueblo –casi todos- estaban trabajando. De todo esto puedo dar fe. Así que no, a partir de ahora el señor profesor ya sabe que el pueblo no hace cuestión de estado el dar muerte, o no, al matacán.

Y ya, de paso, insistir: la liebre, para llegar a matacán, no necesita que la corran los perros, sino que tiene muchísimos "sparring" que la obligan permanentemente a mantenerse en forma y, ¿la que se descuida? pues la que se descuida no llega a matacán.

También es posible que a los no versados no les diga nada la palabra matacán. Más claro lo habríamos tenido si en vez de matacán, nuestros antepasados hubieran escogido la palabra mataperro, que es a lo que re refiere: MATA-CAN = MATA-PERRO. Cierto es que no descubrimos el significado del nombre hasta que nos damos cuenta de que el perro puede caer reventado al correr tras el… mataperro, o matacán que es lo mismo.

¡Ay señor señor!

Camporredondo 25 de mayo de 2017

lunes, 29 de mayo de 2017

Más archivo

Aquí sigo, agarbado –agalbado también se decía en mi pueblo: yo lo decía- al agrego de este sitio maravilloso desde donde, a la vez que contemplo un precioso mundo de plantas y flores antes de que puedan aguachinarse. Desde aquí voy agazapando palabras que se usan poco o, me atrevería a decir, nada.

Como no me interesa meterme en el ajo, voy eliminando estrés dando cuenta de unos taquitos de queso de oveja animados con un trago de vino aguachado como corresponde a esa edad en la que el alcohol, también, es materia prohibida.

Ahí va otro grupo de palabras que de tan amachambradas que estaban se negaron a salir en su momento.

AGARBAR.- Recoger, juntar las garbas (gavillas) > Agavillar.

Para facilitar la tarea a los segadores, el Motril, o mochil (muchacho o niño), iba juntando las gavillas (garbas) en grupos de dos o tres, de forma que cuando el segador se dedicaba a formar los haces (atar se llamaba la faena) se le facilitaba la tarea por no tener que recoger todas las gavillas sino los grupos de éstas.

Para intentar dejar la tarea lo más clara posible, diremos: no es lo mismo agarbar o agavillar –juntar las gavillas en grupos de dos, o tres- que recoger todas y juntarlas en la morena, en cuyo caso no se ataban. Si lo digo es porque he encontrado en alguna parte en que se confunde agavillar con amorenar (formar morenas) las gavillas.

El DLE no la recoge como tal, pero sí recoge la palabra agavillar.

AGARBARSE.- Tenderse pegado al suelo como una garba (gavilla). >Agavillarse.

El DLE lo recoge como agacharse, cuando no es lo mismo agacharse (doblarse, acuclillarse) que tenderse en el suelo adoptando la posición de la gavilla.

AGAZAPAR.- Coger, agarrar, asir, pillar… “Le cogí, lo agazapé”.

El DLE recoge otras acepciones referidas al gazapo: ocultar, acechar, agachar…

En este mundo rural lo que decimos –también referido al gazapo- es: le agazapé, le cogí como a un gazapo.

Tengo que añadir que esto es así porque nosotros –mundo rural- consideramos gazapo tanto al conejo como al lebrato joven, que por saberse débiles se quedan pegados al suelo en vez de correr para tratar de ponerse a salvo. Así que, se creyó a salvo –porque creyó que estaba escondido- pero yo lo agazapé (agarré, cogí etc.).

El DLE le da otro sentido a la palabra.

AGREGARSE.- Resguardarse de las inclemencias del tiempo. >Ponerse al agrego.

“Hacía aire muy frío y tuvimos que ponernos al agrego que nos brindaba la tapia”.

El DLE recoge la palabra con otras acepciones.

AGUACHAR.- Añadir agua a otro líquido: leche, vino etc. > Enaguachar, Aguachinar.

El DLE nos envía a enaguachar que sí: es lo mismo.

AGUACHINAR.- Añadir agua a otro líquido (vino, leche, et.) para adulterarlo. >Aguachar, enaguar, enaguachar.

También se dice cuando una planta, o fruto, se estropea por exceso de agua.

Esta palabra sí, es recogida en el DLE con la misma acepción.

AJO (estar en el).- Estar inmerso en una acción, problema, jaleo etc. “Cuando quise darme cuenta estaba metido en “tol” ajo”.

AMACHAMBRADO/A.- Fuertemente asegurado.

Siempre que se quisiera hacer gala de tener algo asegurado al máximo se usaba esta palabra. “Oye, ten cuidado que se te puede escapar”. “No te preocupes: lo tengo amachambrado”.

En este mundo mío –y de otros-, el rural, no es lo mismo unir a caja y espiga (machihembrar) que amachambrar.

El DLE no recoge esta palabra.

Y el próximo día: más palabras.


Camporredondo, 24 de mayo de 2017

sábado, 20 de mayo de 2017

Seguimos buscando entre terrones

Ya no hay duda –lo tengo comprobado- de que extraer información del fondo de este vetusto “disco duro” que llevo sobre mis hombros, es tarea agotadora. Las palabras se han acalcado en el fondo y no hay dios que las descargue.

No obstante, de vez en cuando, alguna despega y sale a la luz. Otras veces es alguno de mis amigos que en conversación –intrascendente o no- suelta alguna palabra que despierta mi adormecido intelecto, la agazapamos y la pasamos a estas memorias modernas para poder protegerla.

Gracias a esto he ido sumando palabras, que acabarán incluidas en el diccionario de Camporredondo, pero que aún no están recogidas en él y, creo, que son interesantes, porque se usan muy poco y, a lo peor, desaparecen.

Bien, pues estas palabras -razonadas a mi manera- espero ir haciéndolas pasar por las teclas para airearlas por el espacio y todo aquel/ella que esté interesado las recoja y archive. Pero antes de comenzar quiero, de nuevo, insistir: el mayor favor que podemos hacer a las palabras en trance de desaparecer y en manos de unos pocos nostálgicos -como es mi caso- es discrepar, si no se está de acuerdo, de la opinión que yo pueda tener porque, ya sabéis: “nada hay más atrevido que la ignorancia”. Éste es mi caso.

Ahí va el primer grupo:

ACALCAR/CALCAR.- Apretar, aplastar. “Acalca -o aplasta- el saco -o el pajar- para que coja (quepa) más paja”.
La palabra acalcar, o calcar, se empleaba más referida a aplastar el contenido del saco para que cupiera más paja, o forraje. Mientras que para aumentar la cantidad de paja almacenada se usaba la palabra pisar. “Hay que pisar bien el pajar para ver si metemos un carro más de paja, porque el año es muy largo”.
El Diccionario de la lengua española (DLE) lo recoge en su 3ª acepción como:
calcar
Apretar con el pie.
Nosotros acalcábamos, o calcábamos, tanto con el pie como con la mano.

ACAZUMBRAR/CAZUMBRAR.- Pegar (dar paliza). “Ten cuidado, no sigas por ahí, que te acazumbro”.
La palabra acazumbrar, o cazumbrar -ya que se refiere a lo mismo-, tiene su origen en la forma de unir las duelas de las cubas del vino, pues éstas se unían – con cazumbre- a fuerza de golpes de mazo. Así lo recoge –también- el DLE:
cazumbrar
1. tr. Juntar con cazumbre las duelas y tablas de las cubas de vino, uniéndolas a golpe de mazo para que no se salgan.

ACHIVARSE.- Enfadarse. “No se salió con la suya y se achivó”.
Normalmente se empleaba esta palabra cuando, por motivos poco claros, uno se enfada con otro. “Está chivo conmigo, se ha achivado y no sé por qué”.
El DLE sólo la recoge como:
achivarse
1.  prnl. El Salv.Arreglarse, vestirse elegante.

ACOSTADERO.- Conjunto de palos a modo de escalera amplia donde dormían las gallinas > Aseladero en el DLE.
La palabra aseladero (DLE), o acostadero (lenguaje rural) se refieren a lo mismo, pues la gallina no se acuesta (no se pone de costado para dormir o descansar), sino que se coge (agarra) al palo del llamado gallinero, se agacha (pone en cuclillas) y ésta es la forma que adopta para dormir. El acostadero también podía ser un palo colgado en alto dentro de la cuadra o en cualquier espacio cubierto.

A ESGALLA.- En gran cantidad. “Había nícalos a esgalla, a tutiplén, a patadas, a porrillo, etc.”
El DLE no recoge esta palabra.

AGALBANADO.- Perezoso, sin ganas de hacer nada.
“¡Vaya galbana que tienes! Es que con este calor se agalbana cualquiera”. A veces se respondía: no tiene galbana, lo que tiene es mala gana, y esto no es lo mismo que agalbanarse por exceso de calor.
El DLE la recoge como adjetivo: “desidioso, perezoso”.

Camporredondo 20 de mayo de 2017


lunes, 8 de mayo de 2017

¿Terminando...? pues no lo sé.

Hace algunos… decenios ya, tuve ocasión y motivos para ilusionarme –era más joven- con un regalo que mi esposa e hijos me hicieron por mi cumpleaños. El motivo -escogido para regalo- fue porque sabedores de mi entusiasmo por todo lo rural (soy nacido y criado en un pueblecito de Castilla, eso ya lo sabéis) me regalaron un diccionario (“Diccionario del castellano tradicional”, ediciones Ámbito). ¿Sabéis lo que me duró la ilusión? Pues justo lo que tardé en abrirlo. Aquello no era mi lenguaje. Aquel lenguaje era una mezcla de juventud universitaria tomando primer contacto con mi mundo: el rural.

Pasó el tiempo y se repitió la historia. Han salido al mercado –me dijeron- dos diccionarios que, éstos sí, son la bomba. Su autor (Jorge Urdiales Yuste) es experto en Miguel Delibes y su narrativa. Los diccionarios se titulan: "Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes" y "Diccionario de expresiones populares en la narrativa de Miguel Delibes". Los pedí a mi librero (en mi pueblo no hay librerías) y ahí me veis abriendo el paquete de correos: hasta nervioso me puse.

A partir de aquel momento, pálido me quedé. ¿Qué era aquello? Si las palabras que Delibes usaba en su narrativa las recogía el DRAE -para ese viaje no hacían falta alforjas- aún se podía tolerar. Pero si el diccionario de la Real Academia no las recogía, a mí me dio la impresión de que el autor de los diccionarios sacaba el dedo por la ventana y según la dirección del viento, aquél era el significado. Ésa era, y sigue siendo, mi opinión.

Seguidamente contacté con una de las autoras del Diccionario del castellano tradicional y con el autor de los dos diccionarios en la narrativa de Miguel Delibes. A los dos ofrecí mis servicios y, con agrado e ilusión, los recibí en mi casa; no en balde estaba en juego el lenguaje de mis abuelos y yo -por haber seguido sus huellas- algo conocía.

Yo comprendo que para personas -universitarias ellas- que un ex-pastor pueda corregirte tiene que ser muy duro, y así quedaron las cosas. Como decía uno de mi pueblo: "¡nada de nada, nada!" Me vieron, se marcharon (impresión poco favorable debí causarles) y hasta ahora.

¿Qué podía hacer yo, callar porque soy el paleto, y doctores tiene el saber? En principio opté por seguir oteando desde mi retiro rural. Pero cada vez que me tropezaba con una burrada, mi abuelo -siempre vigilante desde su cielo- me decía: ¡qué cojones haces ahí! ¿Para eso fuiste a la Escuela Nacional? Harto de tirones de orejas de mis ancestros me monté encima de las teclas y, persiguiéndolas a lo largo del teclado, fui aporreándolas allí donde las pillaba viendo, con  satisfacción, que los míos, la gente rural, se mostraban satisfechos y apoyaban mi postura.

Pero hasta llegar a la situación actual fue pasando el tiempo y así encontré que la Cátedra Miguel Delibes recogía un glosario -del mismo autor que los diccionarios en la narrativa de Miguel Delibes-¡Dios mío, qué glosario! También me puse en contacto con la dirección de la Cátedra y, a pesar de que lo entendió, me dijeron que la responsabilidad era del autor. Y ahí quedó todo "¡vivir para ver!".

En esto que -al fallecimiento del escritor- salió al mercado -no desaprovechan ninguna ocasión- otro nuevo diccionario que según decía incluía algunas mejoras. Una vez más contacté con mi librero (en mi pueblo sigue sin haber librerías) y al solicitarle el diccionario me advirtió: debo decirte que este diccionario es el mismo que el anterior (salvo algunas cosas que… tal ¿os suena?). Aún así se lo pedí, y fue en este nuevo diccionario –editado esta vez por ediciones Cinca- donde me pareció más que nunca -es sólo mi opinión- que tanto unos como otro eran una tomadura de pelo y un desprecio tanto a la narrativa de Delibes como a todo lo relacionado con el mundo rural.

Entre tanto yo ya había iniciado mi particular y desigual lucha que me ha traído hasta donde estoy ahora. O sea, sentado tras el teclado que, después de lo recorrido, las teclas se me van mostrando más dóciles: ya me van conociendo y no corren “como alma que lleva el diablo”, huyendo de mis estacazos encima de ellas.

Inicié mi imposible tarea simultaneando diccionarios: ora en la narrativa de Delibes, ora Diccionario del castellano tradicional. Por creer que “aquél que mucho abarca poco aprieta” opté por abandonar el mamotreto y seguir con los libritos, más asequibles a mis reducidas energías.

Y hasta aquí he llegado. Creo que no está nada mal el camino recorrido, por lo que creo merezco un descanso. No obstante, si en un momento me pareciera que hay que volver, volveré; ya sabéis -porque yo os lo he dicho- que soy muy cabezota, y si además de serlo nadie opta por rebatir lo que digo -a pesar de mi constante llamamiento para aclarar todo lo que no tengamos claro- yo me crezco. Pero si hay un culpable de que yo me venga arriba sois los que no os atrevéis a contrastar opiniones: las vuestras académicas, las mías rurales (paletas).

A lo largo de todo este periplo he ido constatando que si el “experto” en Delibes no se sonroja ante lo que sobre ello escribe, no me sorprende. ¿Por qué habría de ruborizarse? Vean los admiradores que  -he ido comprobando- el autor de los desaguisados tiene:

En principio los dos primeros libritos los editó Fundación instituto castellano y leonés de la lengua” -¿qué lengua?, desde luego la rural no-. A continuación Cátedra Miguel Delibes incluye un glosario del mismo autor que los libritos (me solivianto, me cabreo, con solo mirarlo). El autor sigue y lanza al mercado otro nuevo librito editado esta vez por ediciones Cinca. Sigue el “experto” repartiendo, "a diestro y siniestro", conferencias por esos pueblos de Dios (aulas, colegios e institutos) que, según mis informes, cobra del erario público: se lo abona la Excma. Diputación provincial de Valladolid ¡vaya chollo! Para el uno representa la sopa boba, mientras el otro, que paga con dinero ajeno, quizás tranquiliza su conciencia acerca del mundo rural.

Debo decir, y digo, que el tercer librito se presentó en la sede de la Fundación Miguel Delibes: “que cada palo aguante su vela”.

Dice el “experto” que “el Ministerio de Educación hace todo lo posible” para que él imparta conferencias por colegios e institutos. Pues por mi parte… ¡encantado de haber conocido el ministerio de incultura rural!

A partir de ahí encuentro que concede -el “experto”- entrevistas en radio y televisión: una bonita forma de desinformar sobre la cultura del agro.

En el periódico ABC encontré que el periodista admiraba la palabra cacanalona –que Delibes jamás escribió, ni existe- como el gran descubrimiento del "experto". Además sigue insistiendo en que nosotros, los paletos, en los años 50 de mil novecientos, enjaretábamos a los machos en días de fiesta. Sobre esto quiero y debo decir: el señor “experto” sí quiere enjaretarnos su falta de cultura rural. Nosotros en aquellos años, antes y después, engalanábamos o enjaezábamos a nuestros machos, caballos, bueyes y burros… los de carga y tiro. De los otros que hable el que más sepa.

Otro de los voceros del “experto” es el periódico “El Norte de Castilla” en cuyas páginas de “cultura” encontré que el señor Urdiales ha descubierto tres tipos de arado: el romano, el terciado y el viñero. No conforme con su "descubrimiento" nos dice: el arado romano y el arado viñero son el mismo arado ¡Yuuuupi! Qué pena haber vivido tantos años cogido a la esteva y no haberme dado cuenta de que el arado viñero es de vertedera y el romano es de reja lanceolada, además de ser casi todo de madera (común, romano o de madera lo llamábamos en mi pueblo). ¡Es que la gente de campo somos de brutos...! Bueno, sigo esperando que el “experto” o “El Norte de Castilla” me digan qué tipo de arado es el terciado que ha descubierto el señor Urdiales ¿de vertedera? ¿De reja? ¿De cuchillas? Será interesante que todo un filólogo doctor cum laude en ciencias de la información o el diario de mayor tirada en Castilla y León me informen a mis setenta y tantos años, sobre un arado que sólo existió como intermedio (terciado) entre uno más grande y otro más pequeño. (Siempre dispuesto a aprender, y algo voy aprendiendo).

Últimamente, un  visitante de “La pizarra de Gaude” me envió unas entrevistas en Radio Nacional de España (radio exterior de España) donde el señor “experto” dejaba epatado al entrevistador -¡vaya catedrático en lenguaje rural que sería!- con sus disparatadas reflexiones.

Actualmente en Es radio CYL donde el experto tiene un espacio en el que sigue mostrando su categoría como experto en lenguaje rural... en fin... ¡se acabó! Si, "por sus obras los conoceréis", debo decir que, de todos estos que he subrayado -ruralmente hablando- ninguno habría obtenido, en mi tiempo, el certificado de estudios primarios, que es el título que ostento.

He querido resaltar en negrita, así, a vuela tecla, los apoyos que he encontrado que tiene el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes, con el ánimo de mostrar que, si algún verdadero experto hay por estas tierras salga a la palestra -urgentemente- antes de que el lenguaje rural quede de tal forma que no lo reconozca “ni la madre que lo parió”. Porque yo digo una cosa: si con mí ínfimo nivel cultural he sido capaz de destapar tanta patraña ¿qué será el día que un estudioso del tema se interese en el asunto?

Ya veréis lo que, al principio, llegué a pensar: cuando vi que el autor de los diccionarios en la narrativa de Miguel Delibes era estudioso, filólogo doctor cum laude en ciencias de la información y experto en Delibes… pues llegué a creer que cuando terminara de ver los diccionarios yo iba a saber más que mis abuelos. Juaaaaaaajuajuajua… y jua, hoy me da risa sólo de pensarlo. ¡Pobre iluso! digo de mí.

En fin queridos seguidores de “La pizarra de Gaude”. Al decir seguidores digo todos los seguidores que he tenido en todas partes del mundo, principalmente Estados Unidos de América que en cuanto añadía una nueva entrada enseguida llegaban una buena parte de visitas. Gracias a todos, y espero haber sido útil a vuestros deseos de conocer el lenguaje que en otro tiempo usaron mis abuelos y que hoy -aunque amenazado por expertos que lo desconocen- gracias a vosotros y a lo que yo pueda haberos ayudado, conservaremos. No me atrevo a decir que lo usemos, sería maravilloso, pero al menos que conozcamos cómo hablaban y se entendían nuestros ancestros.

Y después de esta travesía por senderos, caminos, cañadas, laderas, vallados, cauces y arroyos de mis campos de Castilla… entre terrones, riscales, espigas, ovejas… en compañía del pastor, el resinero, el agricultor, el segador, la espigadora, la escardadora etc. etc. etc. mi mayor satisfacción sería que alguno con los que no he estado de acuerdo –y que más arriba he citado- en el trato dado al lenguaje rural, saliera a la palestra y, públicamente  -demostrándolo ante vosotros-, dijera: ¡paleto, no tienes razón! se te nota a la legua tu falta de cultura rural. Hasta entonces seguiré pensando lo que ya he dicho una cachapada de veces: sólo se acercan al mundo rural para medrar (acepción 2ª del DLE).

A los hombres y mujeres de Castilla y León: además de agradeceros vuestra fidelidad, me atrevo a deciros: no permitáis que aquel lenguaje -en buena parte desaparecido- que usaron nuestros abuelos nadie lo desvirtúe como si fuera algo que no merece el mayor de los respetos

Ése es mi deseo y desde este pequeño pueblecito de Castilla y León (Camporredondo) os envío un fuerte y entrañable abrazo rural.

Camporredondo, mayo  de 2017

P.D. Y nunca lo olvidéis; si algún día, no teniendo nada mejor que hacer, os dais un garbeo -o una cachapada de garbeos- por “La pizarra de Gaude”, y encontráis algo que, dada mi torpeza, no haya dejado absolutamente claro, no lo dudéis: mientras el cuerpo aguante, estaré al servicio del lenguaje de mis abuelos... y los vuestros. Por favor, preguntad.

A pesar de haber decidido poner fin a este tiempo de “toma y daca” respecto de la obra de Miguel Delibes y el lenguaje rural, que nadie se llame a engaño, si tengo que seguir admitiendo que los alfareros en sus talleres de alfarería siguen fabricando herradones de latón, si tengo que admitir que el tazado es un cascote en el que recoger la resina y por ende lo es el resinero, si tengo que admitir que se secan los pantanos en Campaspero o que los útiles de zahorí -en el mismo pueblo- siguen llamándose chinchatez, si tengo que admitir que un señor que no distingue entre el cuartillo y el cuarto de litro, la media fanega y el celemín, el gario y el bieldo, la parte posterior (trasera) de la iglesia o la ermita y la puerta trasera (puerta carretera)… venga a decirnos que raer es perder resina, que estropeabarrigas es dejar a un chica embarazada, que si uno (véase El Picaza) por tener las piernas arqueadas (piernas de horcate) entre las que pasa un perro por medio y no se entera es porque es despistado, si para que la niebla sea meona condición indispensable es que las finas gotas se congelen… en fin, si tengo que soportar que en nombre del lenguaje rural se sigan cometiendo tantas burradas, esto no lo haré mientras estos deditos sigan alcanzando las teclas del chisme éste al que llaman ordenador. Yo entiendo que cada uno se gana la vida como puede, pero esto es siempre que se respete la memoria y la dignidad del vecino. Aprendí desde muy temprana edad a ganarme los gabrieles con la binadera o la cayada, quiero decir que llevé a rajatabla aquello que nos enseñaron en la catequesis: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, algo que algunos han trocado por "ganarás el pan con el sudor de "el de enfrente" que, aunque se le parece, no es lo mismo. Tal vez por aquello de que “cada uno arrima el ascua a su sardina” lo entendieron mal y pensaron que “da igual a cuestas que al hombro”… pues no, no da igual.

Y ahora sí: corto y cuelgo.





lunes, 24 de abril de 2017

Pasante

Podéis observar que lo que publicamos hoy fue escrito hace la... tira de tiempo. Se quedó ahí y hoy, animado por lo que acabo de escuchar en Es radio CYL Dialecto agrario, y aprovechando que el Arroyo de la Vega pasa por Camporredondo, he decidido largarlo. ¿Por qué lo he decidido? pues hombre porque me ha llamado la atención. Si de garrafa, se deriva garrafón, de botella grande, botellón. y de pistola exagerada, pistolón, entre otros ejemplos,  parece extraño que para saber el aumentativo de linde/ lindero, debamos recurrir a un experto por ser incapaces de deducir que el aumentativo de linde, lindero/a, sea: LINDERÓN. Y claro, no es que no lo sepa el oficinista, el médico, o el doctor en ciencias de no sé qué, sino ni más ni menos que el presidente de la confederación hidrográfica del Duero. Yo imagino que este señor alguna relación debe de tener con el campo, que es donde suelen estar las lindes entre terrenos contiguos. Parece obvio que cuando éstas son extraordinarias, los agricultores, regantes o no, las llamen linderones. O sea, linde amplia normalmente poblada de yerbajos de los que Delibes dice que, si desaparecen, desaparece la caza por falta de refugio. Así que eso, que solo me queda agradecer a "ES radio" su interés en velar por el lenguaje rural. Y ya, aprovechando -esta vez sí- que el Pisuerga pasa por Valladolid, me permito rogarle, con su permiso, y si a bien lo tiene, que el momento en la tarde dedicado al dialecto agrario en un miércoles cualquiera, lo dedique (en lenguaje rural) a la palabra aumentativo de ignorante. Simplemente porque creo que le iría "como anillo al dedo" a todo aquél que no  es capaz de relacionar linde, lindero/a, lindazo... con linderón.

24 de abril de 2017



La palabra que a continuación trataremos, no es una mejora incluida en el “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por ediciones Cinca. Porque ahora lo que encontramos es una palabra añadida a las publicadas en el anterior diccionario editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua y a Cátedra Miguel Delibes: Pasante.

Esta vez el que se mete en camisas de once varas, una vez más, soy yo. Pero allá voy, cuesta abajo, y con la galga del carro intercadente, cuando no totalmente marrotada.

Leo en el “diccionario”:

pasante
CH p. 70
Todos los pozos son pasantes, todos, o sea, se comunican unos con otros.
Pasante. (Del ant. part. Act. de pasar)
1. adj. Que pasa. Apl. a pers., u. t. c. s.

Hasta aquí lo que dicen Miguel Delibes y el DRAE.

Desde aquí lo que dice el “experto en Delibes.

Pasante: que se comunican entre sí, como dice el texto. El DRAE solo lo admite para personas aunque en Delibes también lo encontramos para unos pozos. (Investigación de campo)

No, no, no; éste no es mi campo, ya lo sé. Pero también tengo derecho a aprender de aquéllos que saben más.

Me ha llamado la atención:“El DRAE solo lo admite para personas aunque en Delibes también lo encontramos para unos pozos. (Investigación de campo)”, y por eso intento decir lo que yo he entendido: el DRAE, en su primera parte dice, “adj. Que pasa”. A continuación sigue diciendo, “Aplicado a personas., u. t. c. s (usado también como sustantivo”).

¿Qué he entendido yo? pues que cuando es aplicado a personas es usado, también, como sustantivo. Por tanto el DRAE lo admite en todos los casos, y Delibes lo usa como adjetivo. O sea: los pozos son pasantes, aunque ya sé que los pozos no pasan, sino que es el agua el que va y viene de unos a otros. (Vasos comunicantes, sólo que muy exagerados).

¿No he entendido nada? Pues perdón; espero que algún experto, doctor o no, me lo explique.


Camporredondo, 23 de octubre de 2015.