lunes, 24 de abril de 2017

Pasante

Podéis observar que lo que publicamos hoy fue escrito hace la... tira de tiempo. Se quedó ahí y hoy, animado por lo que acabo de escuchar en Es radio CYL Dialecto agrario, y aprovechando que el Arroyo de la Vega pasa por Camporredondo, he decidido largarlo. ¿Por qué lo he decidido? pues hombre porque me ha llamado la atención. Si de garrafa, se deriva garrafón, de botella grande, botellón. y de pistola exagerada, pistolón, entre otros ejemplos,  parece extraño que para saber el aumentativo de linde/ lindero, debamos recurrir a un experto por ser incapaces de deducir que el aumentativo de linde, lindero/a, sea: LINDERÓN. Y claro, no es que no lo sepa el oficinista, el médico, o el doctor en ciencias de no sé qué, sino ni más ni menos que el presidente de la confederación hidrográfica del Duero. Yo imagino que este señor alguna relación debe de tener con el campo, que es donde suelen estar las lindes entre terrenos contiguos. Parece obvio que cuando éstas son extraordinarias, los agricultores, regantes o no, las llamen linderones. O sea, linde amplia normalmente poblada de yerbajos de los que Delibes dice que, si desaparecen, desaparece la caza por falta de refugio. Así que eso, que solo me queda agradecer a "ES radio" su interés en velar por el lenguaje rural. Y ya, aprovechando -esta vez sí- que el Pisuerga pasa por Valladolid, me permito rogarle, con su permiso, y si a bien lo tiene, que el momento en la tarde dedicado al dialecto agrario en un miércoles cualquiera, lo dedique (en lenguaje rural) a la palabra aumentativo de ignorante. Simplemente porque creo que le iría "como anillo al dedo" a todo aquél que no  es capaz de relacionar linde, lindero/a, lindazo... con linderón.

24 de abril de 2017



La palabra que a continuación trataremos, no es una mejora incluida en el “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por ediciones Cinca. Porque ahora lo que encontramos es una palabra añadida a las publicadas en el anterior diccionario editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua y a Cátedra Miguel Delibes: Pasante.

Esta vez el que se mete en camisas de once varas, una vez más, soy yo. Pero allá voy, cuesta abajo, y con la galga del carro intercadente, cuando no totalmente marrotada.

Leo en el “diccionario”:

pasante
CH p. 70
Todos los pozos son pasantes, todos, o sea, se comunican unos con otros.
Pasante. (Del ant. part. Act. de pasar)
1. adj. Que pasa. Apl. a pers., u. t. c. s.

Hasta aquí lo que dicen Miguel Delibes y el DRAE.

Desde aquí lo que dice el “experto en Delibes.

Pasante: que se comunican entre sí, como dice el texto. El DRAE solo lo admite para personas aunque en Delibes también lo encontramos para unos pozos. (Investigación de campo)

No, no, no; éste no es mi campo, ya lo sé. Pero también tengo derecho a aprender de aquéllos que saben más.

Me ha llamado la atención:“El DRAE solo lo admite para personas aunque en Delibes también lo encontramos para unos pozos. (Investigación de campo)”, y por eso intento decir lo que yo he entendido: el DRAE, en su primera parte dice, “adj. Que pasa”. A continuación sigue diciendo, “Aplicado a personas., u. t. c. s (usado también como sustantivo”).

¿Qué he entendido yo? pues que cuando es aplicado a personas es usado, también, como sustantivo. Por tanto el DRAE lo admite en todos los casos, y Delibes lo usa como adjetivo. O sea: los pozos son pasantes, aunque ya sé que los pozos no pasan, sino que es el agua el que va y viene de unos a otros. (Vasos comunicantes, sólo que muy exagerados).

¿No he entendido nada? Pues perdón; espero que algún experto, doctor o no, me lo explique.


Camporredondo, 23 de octubre de 2015.


lunes, 17 de abril de 2017

Liga

Es radio CYL Es el campo, Dialecto agrario (12-4-2017)

A la pregunta de la presentadora...
"Jorge ¿qué significa liga?, buenas tardes". Responde el “experto”:

Muy buenas tardes. En un libro de Miguel Delibes llamado “Viejas historias de Castilla la Vieja” el protagonista se queja de que, al ir a estudiar a la capital, el hecho de ser de pueblo se le hacía una desgracia ante sus compañeros de clase, y no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepo o colorines con liga, porque sus compañeros le menospreciaban y se reían de él. ¿Qué es la liga? La liga es un junco o un palito estrecho, de unos cincuenta centímetros, al que se enrolla una goma que tiene efecto adhesivo. Las ligas se ponían, antiguamente, junto a los montones de grano, o los bebederos, así, cuando los pájaros iban a comer, o beber, se quedaban pegados a ellos. Claro y ¿para qué esta caza de pájaros en los pueblos?, pues cuantos menos pajaritos hubiera, menos granos de cereal se iban a comer. Observen -si alguien no lo ha visto- este próximo verano por ejemplo, a los gorriones picoteando en los montones de cereal de las eras de cualquier pueblo. Y, si no han visto alguna liga de éstas, pues pregunten a la gente mayor que, en general, casi todos ellos sí que las conocían.

Y en el glosario de Cátedra Miguel Delibes (copiar y pegar) también opina el “experto”:

Liga
VHCV p. 12
El Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos. "Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara". Y a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia, y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos o colorines con
liga, ni que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recios echándoles porquería de caballos, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí.
liga1.
(De ligar).
1.
f. Cinta o banda de tejido elástico, a veces con hebilla, para asegurar las medias o los calcetines.
2.
f. Venda o faja.
3.
f. Unión o mezcla.
4.
f. Acción y efecto de ligar (alear dos metales, fundiéndolos).
5.
f. Confederación que hacen entre sí los príncipes o Estados para defenderse de sus enemigos o para ofenderlos.
6.
f. Agrupación o concierto de individuos o colectividades humanas con algún designio común.
7.
f. Competición deportiva en que cada uno de los equipos admitidos ha de jugar con todos los de su categoría.
8.
f. Cantidad de cobre que se mezcla con el oro o la plata cuando se bate moneda o se fabrican alhajas.
9.
f. Cuba. Mezcla de hojas de tabaco de diferentes plantaciones con el fin de lograr un producto de mejor calidad.
hacer alguien buena ~ con otra persona.

1.
fr. Convenir con ella por sus condiciones.
hacer alguien mala ~ con otra persona.

1.
fr. No convenir con ella por sus condiciones.
liga2.
(De or. inc.).
1.
f. muérdago.
2.
f. Masa hecha con zumo del muérdago para cazar pájaros.
Liga:
Junco o palito estrecho de unos 50 cm., al que se enrolla una goma que tiene efecto adhesivo. Las ligas las ponían al lado del grano o en los bebederos. Así, cuando los pájaros iban a comer, o beber, se quedaban pegados a ellas. Esto se hacía para que no se comieran el grano. En verano, en cualquiera de estos pueblos, se puede ver a los pájaros en las eras comiendo encima de los montones de cereal. (Investigación de campo)
LSI p. 12
(...) le obsequiaba, a falta de bocado más exquisito, con una picaza, o una ratera, o media docena de gorriones atrapados con
liga
en la charca,

Bueno, pues todo este repertorio -que por cierto es lo que recoge el DRAE en su vigésima segunda edición- para ilustrarnos sobre algo que el "experto" desconoce y que, según parece, o no ha investigado o, una vez más, le ha fallado su "investigación de campo". La primera parte es la charla que nos largó en la emisora “Es Radio CYL programa El campo, dialecto agrario” (12 de abril de 2017). La segunda parte -para ser fiel al texto- he querido darle a copiar y pegar en Cátedra Miguel Delibes, que es lo mismo, o parecido, a lo publicado en sus libritos sobre el castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes.

Cuando digo que el "experto" desconoce, me apoyo en que si lo hubiera conocido habría copiado la acepción nº 2 -liga² (de or inc)- del DRAE y habría quedado como un señor. Pero no, quería dejar su impronta y la cag... pifió.

Me parece que -como él dice- para las personas mayores (de pueblo) poco o nada tengo que decir (de sobra saben ellos lo que es la liga), pero para los desinformados -jóvenes, o no tanto- por expertos que no lo son, algo debo decir, poco, pero algo me veo obligado a decir:

No, la liga no es un junco, tampoco es un palito de 50 centímetros ni nada que se le parezca. La liga es, ni más, ni menos, que un pegamento que se obtenía a partir del fruto del almuérzago (muérdago en otra parte y en el DLE).

Seguramente hoy -si es que alguien caza pájaros con liga- encontrará pegamentos en el mercado tan eficaces como la liga hecha con las bayas del muérdago. Pero en aquel tiempo había que ingeniárselas como mejor se pudiera. No sería difícil explicar el procedimiento para la obtención de la liga, pero es algo que no voy a hacer, porque siempre me pareció cruel esta forma de cazar pájaros, y ahora no lo es menos. Nunca cacé pájaros con liga, entre otras cosas porque, desde mi más tierna infancia tuve mi tiempo ocupado en otros menesteres de los que no formaba parte cazar pájaros con liga. No obstante, sí puedo decir y digo: la liga es una clase de pegamento obtenido de las bayas del almuérzago (muérdago es más corriente, y también se conoce como liga) y, como dicen otros, "punto". El junco, el palito de 50 centímetros, la teja, la piedra, la rama del árbol, la antena del aparato de radio del coche para que no te lo caguen, etc. son el soporte sobre el que depositar la liga para que los pájaros se peguen y no puedan -nunca mejor dicho- despegar.

Y para qué darle más vueltas:

Liga: pegamento que se obtiene (o se obtenía) a partir de las bayas del muérdago y que algunos empleaban para cazar pájaros con… liga.

En este caso tengo hasta el apoyo del Diccionario de la lengua española (DLE), vean:

liga²

De or. inc.
1. f. muérdago.
2. f. Masa hecha con zumo del muérdago para cazar pájaros.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
¿Algo más que decir? Sí ¿Se cazaban los pájaros para que no se comieran el grano? Es posible que algo hubiera y que, desde hoy, se diga así. Pero, en otro tiempo, se cazaban para comerlos (había hambre, mucha hambre), también para enjaular y vender, sobre todo jilgueros y demás aves canoras. De ahí que los sitios más apropiados, siempre, fueran los bebederos, allí acudían toda clase de pájaros y allí se cazaban… ¿con juncos o palitos? Allí se empleaba la liga y el soporte más adecuado en cada ocasión.

Voy a permitirme indicar otro espacio, en el campo, en el que se cazaban pájaros con liga: cuando nevaba en el pueblo, y por tanto en sus eras, los pájaros se las arreglaban para retirar la nieve allí donde sabían que podía haber algún resto de grano del verano anterior. Bien, pues estos espacios se aprovechaban para colocar la liga sobre el soporte más adecuado, para que cayeran los pájaros y después freírlos en la sartén. No, no era para que no se comieran el grano, era para comer pajaritos fritos (a falta de pan buenas son tortas; a falta de perdices, o faisanes, buenos son -o eran- los pajaritos).

A ver qué os parece: dicen que un día -en el arroyo del Masegar (arroyo muy cangrejero cuando aún traía agua)- se encontraba un doctor cum laude pescando cangrejos. En esto que pasó por allí el paleto del pueblo (yo) y preguntó al culto pescador: ¿qué cebo usas? El doctor, muy sabio él, respondió: pues reteles y arañas. El paleto (yo), extrañado, dijo para sus adentros: ¡qué raros son estos universitarios! y siguió su camino. ¿Sería esto posible?... Entonces ¿por qué el retel y la araña no pueden ser cebo, y el junco y el palito de 50 centímetros sí que pueden ser liga? Bueno pues... ni lo uno, ni lo otro. Para pescar cangrejos el cebo bien puede ser hígado, lombriz de tierra u otros y, para cazar pájaros con liga, condición indispensable es disponer del pegamento que, en este caso, es el obtenido de las bayas del muérdago que no se llama ni junco, ni palito, sino: LIGA.
O sea ¿qué significa liga? Lo define muy bien, un poco más arriba, el DLE.
Lo demás: juncos, palitos, tejas, piedras, ramas, antenas de coche…etc.: son meros soportes de la liga para cazar pájaros.

Esgarabuches. Cepo para cazar pájaros. También se cazaban con liga

Y ahora me permito una licencia añadida: cuando Delibes escribe que Isidoro cazaba gorriones con cepo, yo añadiría: o esgarabuches (ballesta para otros) además de añadir que tanto el gorrión como el colorín se cazaban, indistintamente, con cepo (esgarabuches) o liga (muérdago). Lo que pasa es que el esgarabuches solía ser trampa mortal y la liga no.

Estos dos esgarabuches pertenecen a lo que fue el "Museo de la vida rural La perdiz"

Dicho y escrito en:
Camporredondo, 13 de abril de 2017

martes, 11 de abril de 2017

Lechuguino

“Con pan y vino se anda el camino”. Lo que dice el refranero es bastante cierto; pero yo quiero añadirle algo: si al pan y al vino los animas con un chorizo casero, de pueblo –de aquéllos de 20-22 de pimentón, 20-22 de sal… etc. etc.- como los que embutía la señora Pepa (mi madre), bien curado, de los que llamábamos de la tripa del cagalar -gordos y hermosos-, es posible que usted no ande el camino, sino que se quede dormido haciendo la digestión a la sombra del primer pino que encuentre. ¡Joder qué delicia! Es otro de los manjares que el llamado progreso se ha llevado por delante.

Reivindicación:

Pasemos al lechuguino (pan lechuguino): es el tema que trataremos hoy. Lo que a continuación quiero referir, es la explicación que nos da el maestro panadero (5ª generación) de San Miguel del Arroyo, “Ore”. “Ore” es panadero -hoy jubilado, sigue su hijo- desde su más tierna infancia, 5ª generación de panadero rural. Lo digo por si alguien piensa que hablo desde mi experiencia de pastor o agricultor. Lo que he requerido de mi amigo y panadero “Ore”, es lo que, desde que nací, pude aprender.

Panes hechos para la ocasión, al estilo tradicional, por el maestro panadero "Ore"
en San Miguel del Arroyo (Valladolid).
Nada mejor que una foto de los panes – fabricados a mano por mi amigo y maestro panadero “Ore” en su horno de San Miguel del Arroyo para la ocasión-, en la que podemos apreciar, sin otra posible interpretación, que el pan lechuguino no tiene canteros, sino que una cosa es el lechuguino y otra el pan que -corrientemente se hace- de cuatro, o cinco, cortezones (canteros para otros). Los dos, exquisitos; los dos, de pan candeal -cuando lo había-, pero distintos en su forma. No, no hay lechuguino de cuatro canteros. Hay pan lechuguino y pan de cuatro, o cinco, cortezones (canteros para gente urbanita y académica).

Al pan lechuguino podremos adornarle –porque además se lo merece- con flores, pero dejaría de ser el pan lechuguino castellano para pasar a ser pan lechuguino ornado con flores, que es lo que le pasa al lechuguino que nos presentan los que se ve que han aprendido en otra escuela.

Situémonos: provincia de Valladolid, Tierra de Pinares, zona de San Miguel del Arroyo y Camporredondo. En esta parte de Castilla -panera del hoy desaparecido trigo candeal- el  maestro panadero “Ore”, y sus ancestros, fabricaban –entre otras exquisiteces- el famoso pan lechuguino -sin otros adjetivos- y el de cuatro canteros. Además fabricaban –y fabrican- las famosas tortas de chicharrón y las no menos –en otro tiempo- famosas hogazas, que eran las más familiares.

Y vamos con la variedad de trigo usado para la fabricación de estos dos formatos de pan. Hubo un tiempo –que el progreso se encargó de hacer que pasara a la historia- en que el pan se fabricaba con el trigo candeal –también con el Aragón, aunque era de inferior calidad-. Pero aquellos tiempos pasaron. Sin embargo, el pan lechuguino, el de cuatro canteros, y otros, siguieron fabricándose. La calidad del pan pasó a ser inferior, pero los panes no cambiaron de nombre. Quiero decir que el nombre no se lo da el trigo usado en la fabricación, sino el formato usado (o sea, que si el trigo no es candeal, este tipo de pan seguirá llamándose lechuguino)

Todo lo que digo es porque parece –si me atengo a lo escuchado en radio, o publicado en algunos libros- que el pan lechuguino, y los demás exquisitos panes que se producen en Castilla y León, haya desaparecido con el trigo candeal que, qué duda cabe, fue uno de los mejores trigos para panificar. (¿os acordáis de lechazar?… pues eso).

Además quiero hacer mención a lo que Delibes escribió en aquel tiempo. Escribe Delibes: “(…) con pan y vino se anda el camino” reza el refrán, pero es obvio que si el pan es lechuguino, de cuatro canteros, y el vino de Rueda o Vega Sicilia, (yo añadiría hoy: o Dehesa de los Canónigos) es posible que el camino se haga dos veces y hasta sin sentirlo. (…).

Y ahora, pobre de mí, me meto “en camisas de once varas”: parece -digo yo- que si Delibes se hubiera  referido, sólo, al pan lechuguino, hubiera sido suficiente con decir: “…pero es obvio que si el pan es lechuguino…” pero yo creo que Delibes conoce y valora, también, el de cuatro canteros. 

Entonces yo, burro de mí, lo que interpreto –dado que no hay pan lechuguino de cuatro canteros, y creo que Delibes lo sabe-, que él ha querido decir -o tal vez ha dicho-  que el pan puede ser lechuguino, o de cuatro canteros, con tal de que sea pan de trigo candeal y fabricado en Valladolid.

Y si digo lo que digo, es porque he escuchado lo escuchado: “Es radio CYL, programa Es el campo, dialecto agrario”, (miércoles 5 de abril de 2017).

Entre otras cosas, dice el experto: “…el pan lechuguino, que tanta gente conoce, es el pan de cuatro canteros, pan de trigo candeal, más aplastado. Además de los cuatro canteros, lleva ciertos cortes o dibujos, la gente lo recordará, en el centro. Los dibujos varían según los panaderos, pero antiguamente solían tener forma de flor o de cogollo de lechuga, de ahí lo de lechuguino…”. (Afirmar esto último me parece, cuando menos, un poco arriesgado, o caprichoso…).

Dejando para otra ocasión el posible origen del nombre “lechuguino” (a ver si algún lector se anima a participar) pasamos, brevemente, a comentar si el trigo debe de ser candeal o no. Es evidente que, si condición indispensable para tener un pan lechuguino es elaborarlo con trigo candeal, hace rato que el pan lechuguino habría desaparecido. El trigo candeal, trigo por excelencia en la panificadora, desapareció hace ya algunos decenios: era de mucha calidad, pero de muy bajo rendimiento y el progreso se encargó de sustituirlo por otros que nada, o muy poco, tienen que ver con la categoría panificadora del candeal.

Y nada más por el momento. Si queréis otro día seguimos, pero hoy queremos dejar sentado que el pan lechuguino no tiene cortezones (canteros para la cultura académica) y que los cortezones (canteros) –que son cuatro o cinco- quedan para el pan que da nombre eso… al pan de cuatro cortezones, que es parecido, pero no es lo mismo.

Ejemplo de pan lechuguino en Castilla

Pan de cuatro cortezones (canteros)

Pan con cinco canteros (cortezones)





Valgan estas fotos, junto a la opinión de nuestro amigo maestro panadero “Ore”, para dejar constancia de lo que decimos sobre el pan lechuguino y el de cuatro cortezones (canteros). 


Quiero retirarme -y me retiraré-, pero no sé cuando, aquí, en:


Camporredondo a 10 de abril de 2017.

lunes, 3 de abril de 2017

Lechazar

Vamos con una pequeña curiosidad que tengo:

Ya sabéis que hubo un tiempo en que mi profesión -a tiempo completo- fue pastor. Bien. Pues resulta que, pese a haber nacido entre ovejas, jamás pude observar que la oveja pariera otra cosa que no fuese cordero/a lechal (se alimentara, al principio, sólo de leche). Digo esto, porque escuchando un programa de radio (22-3- 2017) dedicado al campo –que sigue siendo lo mío, y me gusta- preguntan a su “experto” por la palabra “lechazar” que Miguel Delibes maneja en el libro “Castilla habla”… y el “experto” nos saca de dudas. Entre otras cosas, dice:

 (…) ninguna oveja para lechazar como la churra. Lechazar es, por tanto, parir corderos lechales, sean de la raza que sean.

¡Toma castaña!

Ahora, ahí va mi pregunta para ver si el “experto” o la emisora, pueden, o quieren, responder: ¿la oveja puede parir cordero/a pascual? ¿Quizá borrego/a? ¿Tal vez ya carnero…? En pocas palabras: ¿la oveja puede parir otra cosa que no sea cordero/a lechal?

Lo que Delibes escribe es lo que Florencio le dice; y yo estoy de acuerdo: (…) Por eso le digo que, por estas tierras, ninguna como la churra para lechazar, (…)

Queda meridianamente claro que todas las ovejas –no faltaría más- paren corderos lechales: todos los corderos tienen la necesidad de, al nacer, mamar; aunque también puede ser alimentado con biberón pero, en cualquier caso, con leche. Mejor, al principio, con los calostros de la madre.

Pero si bien todo esto es cierto, no lo es menos que -eso es lo que dice Florencio a Delibes, y yo estoy de acuerdo-  de entre todas las ovejas -sean de la raza que sean- que traen corderos a la vida (paren), la mejor para lechazar (producir lechazos de calidad) es la churra. O sea que el mejor lechazo para el asado castellano es el que pare la oveja churra.

Lechazar: Producir corderos para ser destinados al consumo como lechazos, es decir: alimentados sólo con leche, en este caso para el asado castellano. También para chuletillas; pero el señor Florencio está hablando -y así lo recoge Delibes- del asado castellano. Y para eso, qué duda cabe, el más fino, el mejor, es el parido por la oveja churra. (La mejor oveja para lechazar es la churra).

Bueno y… nada más. Espero que los “expertos” arrojen un rayito de luz sobre mi oscura ignorancia.

Permitidme que, sobre el tema, os recomiende el libro -de Luciano López Gutiérrez- “En torno a las palabras de Delibes” y en su página 142-143 encontraréis lo que es saber sobre lo que se habla. En este caso sobre la palabra lechazar.

Y ahora permitidme una licencia, dice el refranero: “para gustos los colores” y yo añado: “para los paladares los sabores”. ¿Por qué lo digo? Pues porque estoy de acuerdo con lo que el señor Florencio dice acerca de que el cordero de madre que ha pastado por el Valle Esgueva puede ser más fino, pero, en contraposición, yo me quedo con el cordero segoviano que, por haber comido la madre otro tipo de hierba -más consistente y aromática-, transmite al hijo y, qué duda cabe, a su carne, un sabor distinto. Así que: ¿el lechazo del Valle Esgueva es más fino? Sí. ¿El segoviano, distinto, otro sabor? También. “Para gustos los colores y “para los paladares, los sabores”.

Y así terminamos en:

Camporredondo, 30 de marzo de 2017.

martes, 28 de marzo de 2017

Intentando responder...

Desde que comencé mis dubitativos pasos por lo caminos de internet, ha sido norma general insistir en que aquello que yo no haya sido capaz de dejar suficientemente claro –que puede ser erróneo, o verdadero- lo comentemos. Aquí tenemos una pequeña, o gran muestra: no he sido capaz de transmitir, o aclarar, lo que significa -en mi mundo rural- la palabra trasera. Así que muy agradecido por el comentario que “Arnerselpin” hace en “La pizarra de Gaude” el día 23 de marzo de 2017. Y, sin más, veamos si soy capaz de añadir, aclarar, o corregir, algo más.

Y como, en este caso, Delibes y este paleto creo que estamos de acuerdo, pasemos a lo que importa.

Escribe Delibes en la página 127 de “El disputado voto del señor Cayo”:

(…) Vamos a la ermita, ¿le parece? Se nos va a ir la luz. El señor Cayo pareció volver de otro mundo:
Es cierto –dijo- lo había olvidado.
Se dirigió hacia una trocha bajo las hayas, en la trasera del templo, (…)

Bien. Si tenemos en cuenta que no hay ermitas con entrada para carros (puertas traseras o carreteras) estaremos de acuerdo que el escritor se refiere a la parte posterior (parte trasera) del templo (ermita). Si esto no fuera así, yo habré aprendido, ahora, que hay ermitas donde los labradores entran, con sus carros, a orar. (Lo veo difícil, sería muy complicado… y hasta un poco irreverente ¿no?).

Seguimos. En “Las ratas” (tomo 3 pág. 449 obras completas) escribe Delibes:

(…) El bando de palomas describió un amplio semicírculo por detrás del campanario y tornó al palomar.
El Pruden asomó detrás, abotonándose los pantalones. (…)

Sin dejar la referencia, seguimos:

En “Las ratas” edición Destino libro pág. 14 se ha cambiado –ignoro el motivo- el Pruden asomó detrás abotonándose los pantalones” por: “El Pruden asomó por la trasera abotonándose los pantalones”.

Para mí -tipo rural donde los haya- tanto me da una aseveración como la otra: el Pruden había cagado en el exterior (detrás de la casa o del campanario) y dobló la esquina (asomó por la trasera) abotonándose los pantalones. Razonemos un poco el hecho: ¿alguien es capaz de creer que si el Pruden había defecado en el corral, se dirigiera a la trasera -arrastrando los pantalones- para vestirse en la calle? (abotonarse en la calle). Tengo que enfadarme y me enfado: el ser humano rural ha carecido de todo, o casi todo, le han robado todo, o casi todo, entre otras cosas, la formación académica. Pero nunca le ha faltado el pudor ni la vergüenza. ¿El académico habría salido del corral abotonándose los pantalones para que todo el mundo supiera que acababa de cagar? Entonces… ¿por qué el Pruden sí? Delibes, otra vez más, se está refiriendo a la parte de atrás o trasera, como la parte opuesta a la delantera, ya sea casa, ermita, torre, carro... etc.

En “Las ratas” (tomo 3 pág. 472 obras completas) dice el escritor:

(…) El caso es que el Nini, compadecido de los desgarrados mugidos de la vaca en la alta noche, se llegó a las traseras de don Antero, el poderoso, y le dio suelta. (…).

Yo -que no soy un lince- al llegar aquí digo ¡coño, o me cachis! aquí Delibes habla de traseras… ¿por qué será? Pero rápidamente me contesta el paleto que llevo encima: pues porque aquí, el escritor, que lo que está tratando es de enseñarnos la diferencia que hay entre trasera (parte de atrás) y traseras (puertas carreteras), se refiere a las traseras como puertas carreteras, que pueden estar en la trasera de la casa, o al costado, y debe de abrirlas para que salga la vaca que, lastimeramente, mugía (si seguimos leyendo “Las ratas “veremos que la vaca salió porque el Nini abrió… las traseras).

Seguimos:

En “Las ratas” (tomo 3 pág. 496 obras completas) hay más trasera. Dice Delibes:

(…) En la trasera del carro, amarraba al duque, el perro, con un cordel tan corto que casi le ahorcaba. (…)

Parece claro que el carro, en la trasera (parte posterior), no lleva puertas carreteras. ¿O sí? Bueno, os puedo asegurar que no, no las lleva. Pero sigamos:

En “Las ratas” (tomo 3 pág. 496 obras completas) Delibes, hablando otra vez sobre la trasera, dice:

(…) El centenario, aun trampeando, iba todavía de acá para allá, mas en las horas de sol era fijo encontrarle sentado en el poyo (asiento de piedra) de la trasera de su casa, los ojos entornados, oxeando incansablemente unos pollos (crías de gallináceas) imaginarios. (…).

Aquí vemos, otra vez más, que Delibes no pierde ocasión para enseñarnos (aunque nuestras entendederas parece que están un poco anquilosadas): nos deja otra lección de buen hacer. Además de enseñarnos la diferencia entre trasera y traseras, nos llama la atención sobre algo de lo que, parece, que estamos muy necesitados: diferenciar el poyo (asiento) del pollo (ave). Palabra que -más a menudo de lo que fuera deseable- encontramos escrita de forma incorrecta.

En “Las ratas” (tomo 3 pág. 542 obras completas) repite ejemplo:

…la Sime se impacientaba sobre el carrillo (carro pequeño), junto al Nini, y el duque, el perro, amarrado a la trasera, con la soga como un dogal (cuerda que puede ahorcar), gañía (aullaba) destempladamente. (…).

Poco más que añadir en cuanto a lo que Delibes entiende –correctamente- por trasera, como parte posterior, u opuesta, a la delantera, y traseras como puertas para carros y carretas (puertas carreteras). Delibes, en su narrativa, intenta enseñarnos por lo tanto a diferenciar trasera (parte opuesta a la delantera), de traseras (puertas para el paso de carros y carretas). Pero, además, consciente de lo que ocurre, nos llama la atención sobre la diferencia existente entre la “y” (y griega) y “ll” (elle).

Querido señor Delibes: ¿verdad que estamos de acuerdo? ¡Lo he oído!: me ha contestado que sí. O sea que:

Trasera: parte opuesta a la delantera (tenga o no puerta).

Traseras: puertas para el paso de carros y carretas (puertas carreteras).

Y si ahora no lo he dejado claro, lo siento: no doy más de sí.

Dicho y escrito en…

Camporredondo 27 de marzo de2017.

PD. Se me había pasado deciros que, cuando el corral no forma parte del conjunto de la casa (corral aislado, que los había y los hay), también tiene traseras (puertas carreteras), motivo por el cual -por afinidad- las traseras forman siempre, en este caso, parte de la delantera o fachada.

También había algún corral (alguno queda todavía) que por su reducido tamaño tenía puerta de acceso (una sola hoja). Pero esta puerta no era carretera, sino puerta trasera (puerta de acceso a la parte posterior de la casa).

He dicho.

martes, 21 de marzo de 2017

Olma 2

Y quiero seguir usando mis modestos archivos, no vaya a ser que mañana lo lamente. Además quiero insistir: es posible -no soy más que un humilde paleto-  que no quede claro lo que digo o, sencillamente, me haya equivocado. Por tanto, aquel que no esté de acuerdo, o dude de mis razonamientos, aquí tiene, y yo se lo agradecería en el alma, ocasión para rebatir, o preguntar sobre aquello que yo no haya sido capaz de dejar claro. Entre todos, vosotros y yo, podemos aportar luz sobre las tinieblas que otros se encargan de propagar.

Ahí va lo que tecleé hace unos meses: 

En el “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por ediciones Cinca, he pasado por delante de “nogala” y estuve tentado de volver a replicar. Entonces pensé: ya está bien de dar la paliza a los seguidores de “La pizarra de Gaude” si ya hemos dicho lo suficiente sobre su significado. Pero llegué a la palabra olma y vi que el “experto” sigue en sus trece. Entonces me dije: tengo que seguir porque, además, es otra nueva oportunidad para insistir sobre aquella otra palabra que tanto impacto causó entre los bienintencionados seguidores de los “Diccionarios”. Esta palabra es: cacanalona ¡Dios bendito!

Ya comenté que encontré en un importante periódico de tirada nacional (ABC) la palabra cacanalona como el gran descubrimiento realizado por el autor de los libritos, por lo que ahora, a la par que insistimos sobre olmo-olma, nogal-nogala, recogeremos también la palabra cacanalona.

El “descubridor” de cacanalona (palabra que ya dejamos claro que Delibes nunca escribió, porque no existe) sigue machacando con que, en los pueblos castellanos distinguimos entre árboles masculinos y femeninos más que por su género por su tamaño. “Un olmo, especialmente corpulento y de formas redondas, será una olma; igualmente un nogal, con una gran copa, ancha y poderosa, será una “nogala”. Como me parece que esto ya lo dejamos claro en su momento, ahora quiero incidir sobre el sentido que Delibes le da –así lo creo, e intentaré razonarlo- a la palabra canalona que esta sí, tiene sentido rural.

Hemos dicho, que el olmo solitario y en cuanto excede de una determinada frondosidad le llamamos olma; igualmente ocurre con nogal-nogala; también lo aplicamos sobre el pez que excede del amaño corriente: lo llamamos peza.

Ahora se nos presenta un caso similar, dice Delibes en “Mis amigas las truchas”: “El Navia es un río incitante que aquí se ciñe a una CANALONA tumultuosa no más ancha que un par de metros y allá se explaya en una vadera que uno no es capaz de franquear de un lance con cucharilla del 3. (…)”.
Vayamos con esta “manía” que tenemos en los pueblos castellanos -como dice el “experto-” de distinguir a los árboles (y otras cosas, como vamos a ver) más que por su género por su tamaño.

Dice el DRAE:

canalón
Del aum. de canal.
1. m. conducto que recibe y vierte el agua de los tejados.

Delibes llegó al río Navia, y observó un canalón tan extraordinariamente grande que no encontró otra palabra más a mano –como me ocurría a mí cuando pescaba un pez de dimensiones extraordinarias -¡vaya peza!, decía yo- el escritor -que llevaba el pueblo escrito en la cara dijo-: ¡vaya canalona! Así lo escribió y así fue hasta que llegaron los expertos y dijeron: Delibes vio un canalón muy grande y lo llamó eso: cacanalona. Pero no quedó ahí la cosa, llegaron lo colegas del “experto” y dijeron: ¡vaya palabra que ha rescatado del olvido, Urdiales!

Entonces ¿cómo queda la cosa? Pues que en los pueblos de Castilla seguimos (porque somos muy brutos) sumando árboles o cosas a las que no distinguimos por su género sino por su tamaño:

Nogal solitario y de dimensiones extraordinarias según su entorno: NOGALA

Olmo con las mismas características del nogal: OLMA.

Pez extraordinario en el arroyo del pueblo: PEZA.

Y ya tenemos una más: canalón de dimensiones extra: CANALONA.

Es que en estos pueblos de Castilla somos la lechona. Bueno, no me queda muy bien, quise decir: ¡somos la leche!

Como final, y aunque los libritos no hacen mención a ella, quiero referirme a la palabra vadera que Delibes llama, muy correctamente, al vado ancho que nadie es capaz de franquear de un lance con una cucharilla del 3. (¿Otro cambio de género por su tamaño?).


Camporredondo, 17 de octubre de 2015

PD. De sorpresa en sorpresa: no puedo -o no debo, ni quiero- pasar por alto, la última intervención (15-3-17) del experto en Miguel Delibes en Es Radio CYL Es el campo. Pero no temáis: no os largaré todo el discurso. Dice el experto:

(…) consiste, esto del lance ligero, en ir a por el pez dentro del río, a veces contra corriente.

Yo siempre pensé que el pez hay que buscarlo dentro del agua, porque de lo contrario habría que buscarlo en la pescadería o dentro del cajón en el que lo traía el fresquero por los pueblos. Así que, por si había alguna duda: a por el pez hay que ir dentro del río, si es río, o del mar si es en el mar. Aunque también puede ser en el arroyo donde, si es grande, lo llamaremos “peza”. Sigue el preguntado y llega hasta…

…hoy hemos hablado del Delibes pescador y del “lance ligero”, que es el que te obliga a meterte dentro del río para pescar.

Ya sabéis que soy de secano, quiero decir que no entiendo de pesca -ni de peces- más allá del que se pone en la mesa. Pero sí me gusta saber, y como me gusta saber he buscado y leído algo sobre el “lance ligero” como modalidad de pesca. Esto es lo que, sin entrar en profundidades -en las que me ahogaría- he encontrado: El lance ligero parece ser que es modalidad de pesca que consiste en lanzar el anzuelo con el cebo y automáticamente ir recogiendo el sedal para provocar que los peces, depredadores, se precipiten sobre su posible presa.

Parece -sólo digo parece- que se puede pescar desde dentro del río o el mar, desde la orilla, desde un puente, desde un barco… o sea, añado yo, hasta desde un helicóptero si llegara el caso.

Dice bien Delibes al decir que ha venido a “sustituir la paciente y tradicional figura del pescador de caña y lombriz…”. Parece claro ¿no? Este sistema no obliga al pescador a meterse dentro del agua,  -creo que Delibes no lo dice en ninguna parte- pero sí le obliga a mantenerse activo: lanzar y recoger constantemente.

Y, también, quiero y debo decir: si hasta aquí no he metido la pata hasta el corvejón, si sigo estoy seguro de meterla porque, como el “experto”, no entiendo nada. Y supongo que con la emisora, formaríamos los tres un gran equipo de ignorantes pescadores por el método de “lance ligero”. Eso deduzco al escuchar la emisora.

Esto digo en...

Camporredondo, 20-3-2017


domingo, 12 de marzo de 2017

Pequeña matización

“Entre col y col, lechuga”. Así decimos por estas tierras de Dios, dando a entender que hay que rentabilizar el terreno al máximo (entre la col cosechada y la siembra de la siguiente, se puede obtener una buena cosecha de lechuga). Bueno, pues eso digo yo en esta ocasión: entre entrada y entrada una, nada desdeñable, matización.

Escuchando la radio el día 22 de febrero de 2017 oigo lo siguiente: “Buenas tardes. La iguada es una medida de superficie que Delibes nos descubre en el capítulo uno de su libro“Castilla habla”. En este capítulo leemos que el escritor está charlando con el señor Pedro, de Berruces, un pueblo de la Provincia de Valladolid. El señor Pedro le dice a Delibes que, en su época, no se hablaba de hectáreas sino de iguadas que venían a ser 56 áreas…” y siguió hablando el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes.

Ahora pasamos a lo que realmente nos interesa. Así que pasemos a lo que Delibes escribe en la página trece de “Castilla habla”:

“(…) Ve ahí tiene a mi difunto padre. En su época no se hablaba de hectáreas sino de iguadas que venían a ser cincuenta y seis áreas. (…)”.

Así, a primera vista, no parece tener mucha importancia. Sin embargo, cuando uno de nuestro jóvenes –o no tanto- se interese por el tiempo en que aún se usaba la iguada (medida de superficie agraria) le estaremos informando erróneamente. Lo que yo diga, o lo que diga el señor Urdiales, puede tener poca o ninguna credibilidad, pero si el que lo dice es Delibes… la cosa cambia. ¿Quién no creerá lo que dice el escritor? La trampa está en que nos apoyamos en la credibilidad del escritor para salir del paso de aquello que ignoramos, o no comprendemos, o, sencillamente, nos importa un bledo.

Vamos a ver: el sistema métrico decimal vino a sustituir al “caótico” sistema de pesas y medidas usado hasta aquella fecha. Pero esto fue a finales del siglo XIX y principios del XX. Por eso es natural que en los tiempos del padre del señor Pedro se hablara -aunque ya en desuso- de esta medida de superficie. Debo entender, que si el señor Pedro en los años cuarenta era un chaval, su padre seguramente nació con el siglo, de esta forma en los años diez-treinta aún se hablaba de la iguada como medida de superficie. Pero cuando Delibes escribió “Castilla habla” fue en 198… en cuyas fechas se hablaba de la iguada en relación a una medida que desapareció hacía… algunos decenios. O sea, una vez más, Delibes escribió lo que escribió, y eso fue que, en tiempos del padre del señor Pedro, –principios del siglo XX- aún se tomaba como referencia la iguada, aunque no se usaba. Así que no, Delibes no dijo que en 198… se hablara en iguadas, sino posiblemente algunos decenios antes, dato que nos cuadra perfectamente.

O sea que mi credibilidad debo conseguirla con el sudor de mi frente, que no es lo mismo que con el sudor de… “el de enfrente”. Así que -para la historia- la iguada desapareció con la llegada del sistema métrico decimal y eso fue en tiempos del padre del señor Pedro –principio del siglo XX- porque en tiempos del señor Pedro-como en el mío- la iguada ya era un lejano recuerdo aunque –igual que hoy- se siguiera hablando de ella.

Pequeñas cosas… pero que con las ¿prisas? se nos escapan y pueden dejar datos erróneos para generaciones futuras.

Esto digo, y certifico, en:


Camporredondo a 23 de febrero de 2017.