lunes, 27 de febrero de 2017

Refrotarse

A continuación podéis -si así lo creéis oportuno- comprobar lo que sobre la palabra refrotar tecleé allá por el año 2015. Una vez tecleado me pareció que había cosas más importantes, y lo archivé.

Cuando hoy lo encontré pensé en eliminarlo, pero al final me dije ¿por qué lo vas a eliminar? Lo que creo que debes hacer es resumir lo que querías decir desde aquí, desde el mundo rural. Y ahí va:

Delibes ni refrota (vuelve a frotar), ni restriega (vuelve a estregar), ni refriega (vuelve a fregar)... ningún objeto. El escritor nos habla –eso creo yo- del amor propio (ver lo que dice de Juanito Osuna)... todo menos dedicarse a fregar, frotar, restregar etc..

Cuando habla de las perdices abatidas por Juanito Osuna, nos habla de la necesidad que éste siente de quedar por encima del otro cazador. No le basta con abatir más piezas, necesita que el mundo lo sepa ¡Juanito Osuna ha doblado, en pájaros abatidos, al otro cazador! Entonces no deja pasar ocasión para airearlo, pregonarlo (refrotarlo, restregarlo, refregarlo…) ante quien pueda escucharlo: he ganado a… luego soy mejor que él.

La Desi tiene su amor propio herido; al "picaza" la Marce no le encuentra más que defectos y ella desearía refrotar, restregar, refregar... dar en los morros, diríamos en mi pueblo, con lo que piensa del cabo Argimiro, -"es más largo que una peseta de tripas"- pero no se atreve a hacerlo por miedo a las consecuencias que le puede acarrear al "Picaza".

En "La partida" ocurre otro tanto de lo mismo, "el sargentón" le mira y le refrota -le pasa por las narices- que tenía un hijo en infantería etc.

Así que no; ni volver a frotar, ni volver a fregar, ni volver a restregar. Sencillamente  insistir con el ánimo de fastidiar o presumir.


Y ya sin más os paso lo que opinaba en aquel momento sobre refrotar:

Refrotarse
LP p. 60
(...)
refrotarse por las narices (...)
Refrotarse:
Volver a frotarse. (Investigación de campo)
LM p. 66
(...) y sus 47 perdices se las había
refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia.
LHR p. 66

(...)
refrotarse por las narices (...)


Publicado en “Diccionario de castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editados por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua, ediciones Cinca y glosario de Cátedra Miguel Delibes.

En principio así,a vuela tecla, debemos decir que en ninguna de las tres referencias usadas por el "experto" Miguel Delibes escribe refrotarse (frotarse -o refrotarse- uno mismo con algo) sino refrotase... al otro. ¿verdad que no es lo mismo? Cuestión de leer, o no, a Miguel Delibes.

Además de no estar muy de acuerdo con el sentido que el “experto” en Delibes le da a la palabra refrotar quiero aventurar (pobre de mí) la impresión que tengo sobre lo que Delibes pretende al hacer uso de esta palabra.

Como seguidor-admirador de la obra de Delibes he creído observar que el escritor lamenta -o no está muy de acuerdo- con la ausencia de algunas palabras -de uso bastante cotidiano- en el DRAE.

Yo -repito, pobre de mí- he pensado que hace uso de esta palabra para reivindicarla ya que la RAE no parece tenerla en cuenta, porque si no, a ver, ¿por qué sí aparecen las siguientes?

Estregar
Del lat. vulg. stricāre.
Conjug. c. acertar o c. reg.
1. tr. Frotar, pasar con fuerza algo sobre otra cosa para dar a esta calor, limpieza, tersura, etc. U. t. c. prnl.

Restregar
Conjug. c. acertar.
1. tr. Estregar o frotar mucho y con ahínco algo con otra cosa.

O sea: no es volver a estregar, sino hacerlo insistentemente y con ahínco.

Fregar
Del lat. Fricāre 'frotar, restregar'.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Restregar con fuerza una cosa con otra.
2. tr. Limpiar algo restregándolo con un estropajo, un cepillo, etc., empapado en agua y jabón u otro líquido adecuado.

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Frotar algo con otra cosa. U. t. c. prnl.
2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Estregar-restregar; fregar-refregar… ¿no es similar: frotar-refrotar?

Hecha mi, torpe, reflexión, vamos con mi desacuerdo con el autor del librito.

Si tenemos en cuenta que la palabra refrotar no la recoge el DRAE, tendremos que adaptarnos al uso que de ella se hace en el mundo rural ¿o no? Digo el mundo rural porque es el mío, en él nací, me crié, y en él estoy. Además, las perdices no son muy frecuentes por las avenidas de las grandes ciudades. 

Aun así:

Refrotarse: Volver a frotarse. (Investigación de campo).

Esto es lo que nos dice el “experto” en Delibes.

Un pequeño paréntesis: si por creer haber frotado suficiente, cesamos en la operación, siempre que volvamos a frotar haremos lo mismo: frotar. Entiendo que refrotar no es volver a frotar, sino frotar con insistencia. Esto parece deducirse de las palabras de Delibes.

Primeramente, una vez más, quiero y debo decir, que yo no hago más que analizar las palabras –rurales por supuesto- desde el punto de vista de un hombre nacido y criado en el campo. Por lo tanto jamás pretendo sentar cátedra; no estoy preparado para ello. Para lo que sí me siento preparado es para aprender. Desde esta perspectiva solicito de aquéllos que no estén de acuerdo con mis reflexiones que las critiquen para, entre todos, encontrar el significado que cada palabra tiene. Lo que no puede ser es que llegue un señor que desconoce absolutamente este mundo y quiera decirnos cómo hablamos o cómo se llaman las herramientas que durante muchos años hemos usado.

Lo primero a tener en cuenta es que el escritor no está fregando, ni está estregando. Delibes, una vez más, nos habla de caza. Por tanto la palabra refrotar deberá entenderse en este contexto. Veamos:

Delibes escribe en “La mortaja” “(…) y sus 47 perdices se las había refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia”. Y lo malo es que, detrás, irán las 23 mías. Sus 47 pájaros sin los 23 míos no tienen ningún valor para él. Habrá que oírle. (…) nos está diciendo que Juanito Osuna se jacta de haber caído 47 perdices, más pájaros que el otro experto cazador, y esto lo exhibe una y otra vez (no se cansa de refrotarlo por las narices). El escritor también podría decirnos –porque en este mundo también se usa- no se cansa de restregarlo (pasarlo) por las narices. Ésta es una muestra de en lo que apoyo mi teoría anterior. Si leemos “La hoja roja” también veremos que nos dice (…) el cabo Argimiro, que era más largo que una peseta de tripas, por más que ella (la Desi) no se lo refrotase a la Marce, (…) Como vemos (y hay más veces), Delibes vuelve a hacer uso de la palabra refrotar para decirnos que la Desi no se atrevió a refrotar a la Marce lo que pensaba del cabo Argimiro.

Resumiendo: refrotar, en el uso que Delibes hace de la palabra, no quiere decir volver a frotar, sino hacer alarde, insistentemente (ya es cansino), de algo de lo que te sientes orgulloso, hasta llegar al hartazgo del que te escucha.

Como anillo al dedo viene la segunda acepción del DRAE:

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
 2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Y si usted no quiere ésta, tenemos otra que quizás se adapte mejor al entorno:

“Dar en los morros”. O lo que es lo mismo, alardear insistentemente de aquello que, para nosotros, tiene un gran mérito. En este caso haber abatido 47 perdices frente a las 23 caídas por el otro afamado cazador.


Esto lo que se me ocurre hoy en:

Camporredondo a 7 de noviembre de 2015.


lunes, 20 de febrero de 2017

Más humeón

La verdad es que tengo poco que añadir, como no sea para felicitarnos por el progreso. Lo que quiero decir es que el “experto” parece que progresa (se va informando, va leyendo). Por ejemplo, parece haber aprendido que humeón no es el humo para auyentar a las abejas (así aparece en el diccionario editado por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua y en Cátedra Miguel Delibes), sino el aparato dentro del cual se produce el humo con el que tranquilizar a las abejas para que no ataquen al apicultor. También ha suprimido la clase sobre como catar la colmena y… me parece otro acierto.

Sin embargo sigue ahuyentando a las abejas y esto es muy grave porque, si ahuyentamos a las abejas, la colmena se nos queda vacía y ¿qué sería de una colmena sin abejas? Pues que sería un tarro con miel.

Pero aún hay más: ¿ahuyentamos, o adormecemos a las abejas? Porque ahuyentar (espantar, hacer huir) y adormecer (aquietar), al mismo tiempo, se me antoja harto difícil: o ahuyentamos o adormecemos, las dos cosas a la vez son imposibles ¿o no? A no ser que el “experto” quiera decirnos que unas veces, con el humo, ahuyentamos a las abejas y otras las adormecemos

Os remito lo que escuché en la radio el miércoles 15 de febrero de 2017. Ahí va:

Muy buenas tardes. El humeón es un utensilio utilizado para disminuir la agresividad de las abejas, para ahuyentarlas, para adormecerlas. Tengo que decir que, aparte del humeón, antiguamente se empleaban otros métodos para crear humo, por ejemplo se colocaba cera, pez o brea sobre un palo y se quemaba. Otra posibilidad: poner unas ramas medio verdes, medio secas, en una lata grande y quemarlas. Incluso había gente que ponía en la lata cagajones que estuvieran algo secos para quemarlos y crear humo, en fin, de un modo o de otro, el objetivo era hacer humo para, como digo, disminuir la agresividad de las abejas. En ocasiones, para estos casos, en que no se utilizaba el humeón propiamente dicho, se llevaba la operación con un fuelle. Los humeones, que es de lo que hablamos hoy, han ido evolucionando con el tiempo, pero su modo de empleo es el mismo, se introducen en él unas pajas… unas hierbas algo secas… hojarasca… etc. y se las prende fuego. El objetivo no es tener llama, sino humo. El humeón se compone de un fuelle que lleva un objeto cilíndrico metálico, de tapa cónica, que tiene un agujero arriba por el que saldrá finalmente el humo. Por cierto, el nombre por el que los apicultores conocen hoy al humeón es el ahumador. Y acabo con la cita de Miguel Delibes que dice que el señor Cayo se llego al chamizo, cogió el humeón, le llenó de paja el depósito, parsimoniosamente raspó un fósforo y le prendió fuego, la paja ardía sin llama como un pequeño brasero de picón de encina.

A continuación transcribo lo encontrado en Cátedra Miguel Delibes.

Humeón: Humo utilizado para auyentar a las abejas. El humo sale de la cera pez o brea que está colocada sobre un palo; de las ramas verdes o de cagajones de caballerías colocados en una lata o de los citados cagajones puestos sobre una teja. En ocasiones se ayuda la operación con un fuelle. El objetivo final es el de catar las colmenas. Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)

¡No me digáis que no hay motivos para felicitarse!

Ante la insistencia del señor “experto” en la quema de cagajones para obtener humo con el que tranquilizar a las abejas, quiero aportar algo. Pero primero dejadme que haga una pregunta: al insistir en la quema de cagajones… ¿nos está diciendo, mira si serían brutos que quemaban cagajones para obtener humo? Porque si así fuera, debo, y quiero decir, que jamás lo vi, ni siquiera lo escuché en todo el contorno de Camporredondo. Por aquí, generalmente, se usaba la abundante paja -en cada casa había un pajar con paja suficiente para alimentar al ganado-. Los cagajones, como dice el experto” se usaban para estercolar (abonar) el terreno, para lo que estaban muy solicitados.

Por lo que leo en “El disputado voto del señor Cayo”, de lo que el señor Cayo llenó depósito del humeón fue precisamente de paja. También podría haberlo llenado con yerbajos, hojarasca, burrajo u otro cualquiera de los abundantes combustibles que siempre hay más a mano que los cagajones que, parece obvio, primero habría que estar pendiente de que el buey o la mula cagaran, recogerlo, ponerlo a secar y esperar a que secaran lo suficiente para que entraran en combustión. Desde luego si había quien así lo hacía, yo también me apunto: era muy bruto.

Pero aún quiero abundar un poco más: lo que se ahumaba con el humeón, además de las abejas, era la miel y… habría que ver el saborcillo que debía adquirir la miel ahumada con humo de cagajones. Digo yo que sería algo así como hacer unas chuletillas de lechazo con sarmientos o con vigas de la RENFE.

Bueno, si el “experto lo dice ¿quién soy yo para corregirlo? Lo que sí estoy obligado a decir es que, en esta zona de Valladolid, no usaban cagajones, lo más corriente era la paja.

Bueno, ya vale ¿Os dais cuenta? No tenía nada que decir pero, si empiezo, pierdo el oremus. Así que nada, aquí sigo -ya casi me atrevo a decir que tecleando en vez de aporreando teclas- en:

Camporredondo 18 de febrero de 2017.



lunes, 13 de febrero de 2017

Taravilla

¿Me meto en camisas de once varas? SI. A continuación veréis que digo verdad.


He vuelto sobre lo que tecleé hace ya algunos meses y, ahora que me decido a publicarlo, he creído conveniente puntualizar algunas cosas. ¿Por qué Delibes escribió taravilla con "v"?  ¿Por qué yo estoy convencido -frente a lo que recoge el DLE actual- de que es lo correcto? A la primera pregunta siento que ya no es posible responder, pero a la segunda sí es posible y, además, quiero hacerlo. Cuando yo fui a la Escuela Nacional -de esto hace muchos, muchos años- el maestro que indudablemente era más mayor y sabía infinitamente más que yo, me enseñó que taravilla (cierre que había en algunas ventanas y puertas) se escribía con "V" y así he seguido.



Delibes, que habla el lenguaje del señor Cayo  -eso creo yo- que es un señor mayor y de pueblo como yo, sabía que el señor Cayo escribía la palabreja con "V" y así nos lo transmite en "El disputado voto del señor Cayo" pág. 134 y 136.



Cómo ha pasado el tiempo, y sigo queriendo saber, he echado mano del diccionario de autoridades de la lengua castellana (tomo VI 1739) y ¡sorpresa! también recoge taravilla -la taravilla que había en la cocina del señor Cayo, no otra- con "V".



Recurro al segundo diccionario de la lengua castellana (1780) y sigue manteniendo que taravilla se escribe con "V".



Después parece que la Real Academia Española ha cambiado y, ahora sí, puede que el señor "experto" tenga razón al considerar que debe ser error ortográfico.



Resumiendo: el señor Cayo escribía con "V" la palabra taravilla: como yo. El señor Cayo era un hombre mayor: como yo. El señor Cayo era un hombre rural: como yo. Entonces... si el señor Cayo era mayor, de pueblo, y yo soy un hombre mayor y también de pueblo y los dos escribimos en lenguaje rural como nuestros abuelos... ¿quiere alguien decirme por qué debo escribir tarabilla con "B"? Sabéis que siempre he sostenido (¡joder que presuntuoso soy!) que el lenguaje rural no entiende de academias porque entonces habremos acabado con nuestro entrañable lenguaje: EL RURAL.



Y ya vamos con lo tecleado hace ya... la tira.





Taravilla
DVSC pp. 133-134
En las poyatas, a los lados de la chimenea, se apilaban cazuelas, sartenes, pucheros, platos y, colgados de alcayatas, cacillos, espumaderas y un gran tenedor de latón. Sobre la cabeza de Víctor, sentado en el escañil, sujeta al muro por una
taravilla, estaba una perezosa que medio ocultaba un calendario polícromo.
Tarabilla:
Zoquetillo de madera que sirve para cerrar las puertas y las ventanas. (Nuevo Diccionario de la Lengua Española)
Taravilla:
El significado del DRAE es correcto. Consideramos que se trata de un error ortográfico al escribir "v" por "b". (Investigación de campo)
DVSC p. 135
(...) antes de soltar la
taravilla y bajar la perezosa,


Para no hacerme “más” pesado, reproduzco sólo una parte de lo publicado en “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua, el mismo, editado por ediciones Cinca, más lo que recoge Cátedra Miguel Delibes.

Una vez más, a mi modo de ver y entender, el experto en Delibes no consigue separar el lenguaje rural del académico, no entiende que Delibes nos está describiendo una estancia (la cocina) de la casa del señor Cayo en la que, entre otras cosas, hay una taravilla (con v), que sujeta a la perezosa (especie de mesa abatible con la pared).

No sé si hace falta decir que la casa del señor Cayo no era un moderno chalet de lujo, sino una casa rural, muy antigua, en la que todavía prestaban su utilidad la taravilla (zoquetillo giratorio para cerrar puertas y ventanas, y para sujetar perezosas) y la perezosa.

Dice el “experto”:

Taravilla: El significado del DRAE es correcto. Consideramos que se trata de un error ortográfico al escribir "v" por "b". (Investigación de campo)


Y qué dice el paleto (yo): el significado del DRAE es correcto, porque habla en lenguaje académico. Pero teniendo en cuenta que el señor Cayo (Delibes) está hablando en lenguaje rural, lo correcto es lo que escribe Delibes y, desde esa perspectiva, el error ortográfico lo comete el “experto” que no entiende el lenguaje rural.

Y ¿para qué darle más vueltas? Taravilla transmitido por nuestros abuelos, es correcto. ¿Tarabilla, con el DRAE en la mano? pues también correcto. Pero entonces no estaremos hablando del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes. “Sopas y sorber, no puede ser”. (sopas de las de antes, de las de pan); porque si no tendríamos que decir: sopa (de gallina blanca) y sorber, no puede ser, que, por cierto, con esta última sopa, sí se puede sorber; porque suele ser más caldosita.

Deduzco: seguimos queriendo dar lecciones al maestro. ¡Ay Señor, Señor!

Y en el día de hoy 13 de noviembre de 2015 yo sigo en:


Camporredondo

lunes, 6 de febrero de 2017

Tornacaza.

Sigo usando archivos. 
Esta vez quiero rogar al lector, -posible cazador urbano, rural ya soy yo- que nos diga si está de acuerdo con lo que, en su momento, tecleé. 

No, esta vez no sé de qué va la palabra tornacaza: jamás la usé; ni siquiera la oí. Soy de pueblo.

Como en mis años de cazador, y algunos después, no he oído la palabra, me limitaré a intentar raciocinar sobre ella y lo que Delibes (en mi cavilar) dice en ‘El último coto’.

Escribe el cazador:

“(…) Uno no caza nada porque faltan reflejos, vista y elasticidad y estas mermas no se recuperan con los años sino todo lo contrario. Una constatación obligada: el nordestazo de ayer puso las cosas difíciles. Ordinariamente cuando uno regresa bolo de una cacería, la memoria de las piezas que falló le perseguirá como un reproche durante toda la semana. Empero, la tornacaza de ayer no fue tan refinada; las presuntas víctimas no torturaron mi cerebro. ¿Por qué? Porque no hubo presuntas víctimas, porque solamente tuve una oportunidad de romper el maleficio: el pájaro aquel, de la pestaña, que antes de coger el viento, se elevó en línea recta inmolándose. Me llené de perdiz, me precipité y se fue a criar. (…)”.

Cuando el cazador regresa bolo (no ha colgado ninguna pieza) de una cacería, durante toda la semana (principalmente la noche siguiente) la memoria le martiriza, le tortura, no encuentra explicación. Pero en ninguna parte nos dice Delibes que al día siguiente vuelva a buscar las posibles piezas muertas (sabe que es absurdo). Esta vez ni siquiera le remuerde la conciencia, él sabe que lo que le ha ocurrido (excepto la perdiz de la pestaña) no es achacable al cazador. De manera que para qué torturarse buscando (en la tornacaza) una explicación.

Porque tuve de profesor al mejor y más experimentado cazador (caza menor) que pateó estos campos de Castilla desde su más tierna edad (1931) (a los 8 años pastor de ovejas y cazador -1939-), y dado que jamás le oí hablar de la tornacaza, aunque sí sabía lo que era lógico o no en el comportamiento de la caza y su seguimiento posterior al disparo, me permito -incluso si Delibes lo hubiera entendido, o dicho así- discrepar de esta manera de entender la tornacaza.

Ya anticipo que si la explicación que da el librito es tornacaza, será en la jerga venatoria urbana, o académica; nunca rural.

Cuando a un cazador se le escapa la pieza por error de puntería -o cualquier otro motivo- sabe de sobra si hay que buscarla o no. Esto lo aprendí a muy temprana edad (no más de 5 años). Si el cazador tiene que buscar la pieza (como ocurría con mi hermano) debe buscarla en ese momento porque mañana ya no dependerá de si la has emplomado o no, sino de que las alimañas que -entre otras cosas- se alimentan de esto, no acierten a pasar por allí. Harto difícil es que, principalmente el raposo, con su fino olfato, que se pasa toda la noche buscando algo con que llenar el bazaco, no detecte una pieza muerta. Si la pieza ha muerto, con toda seguridad que en la noche algún depredador o carroñero la encontrará. Y si está herida es más que posible que también desaparezca por el mismo motivo.

De manera que volver al día siguiente por donde se realizó la cacería, con el ánimo de encontrar una perdiz, herida o muerta, pues… permitidme que me ahorre el calificativo. Si ayer disparé, la vi caer, y aún así no fui capaz de encontrarla ¿se me ocurriría volver al día siguiente a patear el mismo terreno? Pido un respeto a la inteligencia del cazador, al menos del cazador rural que sabe que sería absurdo.

Digo esto por lo que vais a ver a continuación:

Tornacaza
EUC p. 68
Empero, la
tornacaza de ayer no fue tan refinada;
Tornacaza:
Repaso que se da al lugar en donde ha habido una cacería para buscar alguna pieza herida o muerta que no se haya recogido. Se hace al día siguiente. (Investigación de campo)

Éste es el resultado de la investigación del autor del “Diccionario (librito) del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” y “Cátedra Miguel Delibes”. Desde mi punto de vista… ¡Qué pena!

A partir de aquí yo os invito a que leáis lo que más arriba hemos recogido de “El último coto”.

Repito, sin entrar a devanarse los sesos sobre la palabra tornacaza, cuyo significado desconozco, analicemos lo que el cazador ha escrito. No me imagino que se pueda deducir que el cazador piensa en volver al día siguiente a buscar las piezas que -él nos lo dice- sabe que no ha matado.

Ni siquiera la memoria le tortura su cerebro porque sabe que tuvo un fallo de principiante…

Pero sigamos con la tornacaza del autor de los libritos. Dice:

Tornacaza: Repaso que se da al lugar en donde ha habido una cacería para buscar alguna pieza herida o muerta que no se haya recogido. Se hace al día siguiente. (Investigación de campo)

Y pregunto: ¿cómo se puede deducir que tornacaza sea lo que el autor del librito nos dice? ¿Cómo puede deducir que el cazador vuelva a buscar unas piezas que él sabe que no ha abatido? ¿Volvería, el cazador, a buscarlas por si acaso se habían arrepentido y se habían muerto?

Permitidme que exprese lo que yo entiendo que, el “escritor que caza” (estoy hablando de Delibes), quiere decir: cuando uno regresa bolo de una cacería, la memoria de las piezas que falló le perseguirá como un reproche durante toda la semana. Sin embargo la tornacaza de ayer…

Parece que queda suficientemente claro que el cazador lamenta durante un tiempo los fallos que cometió durante la cacería. Su memoria no deja de recordarle lo que falló, y al recordarlo no caza, rememora el día de la caza y esta es su TORNACAZA: volver sobre la última cacería con el pensamiento. El cazador vuelve, torna a la cacería, y es en la tornacaza cuando piensa en los fallos que pudo cometer. No es el caso de “El último coto” donde el cazador sabe todo lo que ha ocurrido y no necesita torturarse más. La tornacaza de ayer, el repaso mental de lo ocurrido ayer al cazador ,lo tiene suficientemente claro.

Resumiendo:

Tornacaza: vuelta sobre la caza; repaso por la noche, sobre la cacería, un día después de ella, en el mismo instante de que finalice, o una semana después. En una palabra; repasar con la mente lo ocurrido en la cacería.

Qué no es –para este ex cazador hombre de campo- tornacaza: volver a buscar las piezas que no se han recogido durante la cacería, y menos al día siguiente.

Lo que acabo de teclear es lo que, humildemente, pienso que nos transmite Delibes en “El último coto”. De todo ello lo que afirmo es que, en lenguaje rural, tornacaza no es buscar al día siguiente las posibles piezas muertas. Quizá en las grandes cacerías se produzca una especie rebusca de piezas abatidas; pero eso ya no es caza, ni creo que haya cazador que se precie que lo ponga en práctica.

Repito: desconocía la palabra, pero me arriesgo a tildar de “deducción sin sentido” el significado que he encontrado en Cátedra y Diccionario en la narrativa de Miguel Delibes. Su autor, quizás bien repanchingado en el sofá, haya visto algún programa de “Jara y sedal” y ha sacado sus propias conclusiones.
Hace unos cuantos años: día de caza en Camporredondo. Las perdices estaban en el peladero.
Cazadores, de izquierda a derecha: Jacinto, Justiniano, Justiniano hijo, Marciano, Justo, Ismael y Amadeo.
El que ahora teclea -a esa misma hora- estaba con las ovejas en el campo.


Camporredondo a 20 de noviembre de 2015


lunes, 30 de enero de 2017

Tazado

Es este otro de los archivos que encuentro. Archivos que, vaya usted a saber por qué, un día no salieron a la luz. No obstante, y a pesar del tiempo transcurrido, sigo manteniendo lo que entonces teclee y que, fiel a lo dicho, hoy no quiero ampliar.

Tazado
D1C p. 178
No me preocupó el asunto, pero apenas me metí en el pinar, un
tazado que andaba a la miera me vino con el mismo cuento. Luego me lo volvió a repetir una cuadrilla que estaba escavanando. Me llegué a los majuelos y me puse a manearlos con calma.
tazar.
(De retazar, por derivación regresiva).
1.
tr. Estropear la ropa con el uso, principalmente a causa del roce, por los dobleces y bajos. U. m. c. prnl.
2.
tr. desus. Estropear o destrozar haciendo cortes o mordiendo.
Tazado:
Cascote pequeño que sirve para coger la resina de los pinos. Por extensión, persona que realiza esa labor. (Investigación de campo)


Vosotros sabéis que aquello que ignoro lo pregunto; aunque muchas veces no encuentro aclaración a mis dudas. Dudo que, en esta ocasión, vaya a obtener respuesta. Pero, por si acaso, allá va la pregunta: ¿qué quiere decir Delibes (según Cátedra Miguel Delibes, que es donde he encontrado lo que acabamos de leer) cuando dice que un tazado andaba a la miera? ¿Es posible que pueda decirnos que era un cascote que sirve para recoger la resina de los pinos y que, por extensión, se aplica al que realiza la labor de resinero? Hombre, la verdad es que a mí, que ya sabéis que no me sobran las luces, me cuesta creerlo. Pero por lo leído en Cátedra Miguel Delibes, y sus diccionarios afines, es lo que se desprende.

Pero pienso: ¡joder! si el “experto” en Delibes dice lo que dice, y si Cátedra Miguel Delibes lo publica, Fundación instituto castellano y leonés de la lengua lo edita, ediciones Cinca también lo edita, fundación Miguel Delibes lo apoya, el periódico El Norte de Castilla también, la Excma. Diputación provincial de Valladolid hace posibles las charlas que se vienen prodigando por estos pueblos de Dios, el diario ABC admira las palabras descubiertas por el doctor cum laude en ciencias de la información -que es su autor- y hasta el Ministerio de Cultura hace posible que se propague, en forma de charlas, por colegios e institutos… ¿puede venir un paleto, con su título de "desertor de la esteva y la cayada", a decirnos lo que es un tazado? ¡Hombre, sería el colmo!

Empero, este humilde paleto está en su derecho de decir lo que interpreta sobre lo que Delibes dice. Y lo que interpreto, es lo que sigue: Delibes dice que el hombre que andaba a la resina era un hombre  mal vestido, con la ropa raída (tazada) por el uso. Hasta el hombre puede ser un hombre roto por el esfuerzo, un poco raído ya por el trabajo y los años… en fin, un tazado. ¿Que no es así? pues perdón, pero lo que sí os puedo asegurar es que el tazado no es un cascote, ni en el cascote se recoge la resina, sino en el pote y en el plato. No, en el plato de la sopa no, en el de la resina, como el de la foto.

Hace unos días, encontré que un internauta buscaba el significado de una palabra que había encontrado en la lectura de una obra de Delibes, y la encontró en Cátedra Miguel Delibes. Me dio pena el señor, que se mostró agradecido, cuando el significado encontrado era otro de tantos disparates que he denunciado en “La pizarra de Gaude. Ni es el momento, ni creo que debo desilusionar a nadie, por tanto como la palabra ya fue tratada en su momento, y posiblemente volvamos sobre ella en otra ocasión, aquí lo dejamos.

Digo esto, porque hoy tenemos otra de esas palabras que, cuando son manipuladas por el inculto rural, pasan a significar aquello que nunca significaron (¿será otro descubrimiento?) pero que son aireadas, y admiradas, por aquéllos que no distinguen el pino resinero del nogal o de la olma.

Volvamos a la entrada:

Tazado: Cascote pequeño que sirve para coger la resina de los pinos. Por extensión, persona que realiza esa labor. (Investigación de campo)

Esto está recogido en Cátedra Miguel Delibes y también publicado en “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes”, editado por Instituto castellano y leonés de la lengua, y por ediciones Cinca.

Gracias al “experto” en Miguel Delibes, descubrimos que el “tazado” resinero, se ha convertido en un cascote pequeño que sirve para recoger la resina de los pinos.

Aparte de repetir lo que ya dijimos en “El resinero” (ver “La pizarra de Gaude”), acompaño los dos cacharros que, al menos en Tierra de Pinares (donde algo de miera se producía…) desde finales del siglo XIX y hasta los años setenta del siglo XX, se han usado para recoger la miera. El pote, como ya sabéis, para recoger la resina en la base de la entalladura, en la cara del pino; y el plato (así se llama el “cascote pequeño”) que sirve, por su mayor diámetro, para recoger la resina de los pinos que por su inclinación, o malformación, no permiten clavar el pote para recoger la miera.

Y vamos con la fotografía:

Pote y plato.  En estas mismas vasijas el resinero recogía el fruto de su esfuerzo:
la resina. Hoy forman parte de la colección de herramientas del resinero a las que
tanto cariño y respeto tengo.
Nota al autor del glosario de la cátedra y “diccionarios “en la narrativa de Miguel Delibes": como usted puede comprobar (se lo puedo mostrar cuando usted mande) un cascote es un trozo desprendido de un todo, y puedo asegurarle que los platos rotos no le servían al resinero. Pero ya el colmo es que trate usted a los jóvenes resineros, que lo eran a partir de los 14 años, incluso antes, como tazados, viejos, raídos… Puedo asegurarle que los había fuertes como robles. Sí, es cierto, el enorme esfuerzo que requería el oficio acababa por hacer de ellos, a edad muy temprana, unos tazados: hombres, más que viejos, envejecidos.

Abrazos y mis mayores respetos a todos los resineros, tazados o no, allá donde estén.

Y mi nota al final: en los pueblos, que es donde se nutre de palabras rurales Miguel Delibes, cuando el borde de cualquier prenda de vestir, ya sea pantalón, chaqueta, vestido, cuello o mangas de camisa... por el uso se deshilachaba, se rompía, se decía que estaba tazado. Esto ya lo decían mis abuelas en el siglo XIX, de manera que Delibes se refería al tazado que andaba a la miera como el resinero que llevaba su ropa raída: TAZADA.

No quiero dejar sin mostraros dos formas de interpretar la narrativa de Miguel Delibes:

Tazado
D1C p. 178
No me preocupó el asunto, pero apenas me metí en el pinar, un tazado que andaba a la miera me vino con el mismo cuento. Luego me lo volvió a repetir una cuadrilla que estaba escavanando. Me llegué a los majuelos y me puse a manearlos con calma. 
tazar.
 (De retazar, por derivación regresiva).
1.
 tr. Estropear la ropa con el uso, principalmente a causa del roce, por los dobleces y bajos. U. m. c. prnl.
2.
 tr. desus. Estropear o destrozar haciendo cortes o mordiendo.
Tazado:
 
Cascote pequeño que sirve para coger la resina de los pinos. Por extensión, persona que realiza esa labor. (Investigación de campo)

La que acabáis de leer es una forma de servirse su autor (J. Urdiales Yuste) de la obra del escritor, sin importar más allá de que nos sirva para medrar.

A continuación transcribo lo que el autor de "En torno a las palabras de Delibes" (L. López Gutiérrez) publica en su libro sin otra pretensión que aclararnos lo que el escritor quiere decir cuando habla de un tazado.

Tazado. m. Persona que lleva la ropa raída, vieja o muy estropeada por el uso (DUE): "No me preocupó el asunto, pero apenas me metí en el pinar, un tazado que andaba a la miera me vino con el mismo cuento" (Diario de un cazador, p. 143).

Y aquí sigo, esperando vuestras objeciones a mis “disparatados” discursos, en:

Camporredondo, a 15 de noviembre de 2015.



sábado, 28 de enero de 2017

De herradas y herradones

Herrada, izquierda, y herradón. Se aprecia que son dos recipientes distintos

Amigo Piscator: si “una imagen vale más que mil palabras”, aquí tienes la imagen de la herrada y el herradón en Camporredondo. Así son y así las conocí siempre. La herrada siempre de cinc. Dudo que, en otro tiempo, haya habido herradas, ni herradones -nunca los vi-, de latón (aleación de cobre y cinc). Por aquí las herradas eran, y son, de zinc y los herradones de los “alfares bíblicos” de los que habla Delibes en “Castilla habla”, siempre de barro cocido. Tal vez en tiempos remotos las herradas fueran de madera reforzadas con aros de metal y de ahí le venga el nombre de herrada: “recipiente de madera reforzado con aros de hierro“ pero este cura –entrado ya en años- no lo sabe.

En cuanto a los tamaños de herradas y herradones, las había de toda capacidad. El consumidor nunca tuvo problemas para elegir lo que mejor se adaptara a sus necesidades.

Respecto del uso que le da el diccionario, podemos pensar que una pieza con esta forma sirve lo mismo para transportar leche que para sacar agua del pozo. Además, para ambas cosas se usaba. De forma que el herradón nunca es el aumentativo de herrada (así como collerón no es aumentativo de collera) sino que son dos útiles perfectamente diferenciados, aunque a los dos se les den usos similares.

En cuanto al cubo o la herrada, es curioso como se decía “coge le herrada y sacas un cubo de agua del pozo”, por lo que es fácil deducir que el cubo y la herrada son la misma cosa. Así fue y así es aquí y ahora.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por un pueblo a 30 kilómetros de Camporredondo, incluimos foto de otro recipiente que tampoco debe estar muy claro para lo que se usaba: el balde. Observamos que del mismo material, zinc, se fabricaban el balde y la herrada.

Baldes en el corral. Como la herrada: son de cinc.


Camporredondo, 28 de enero de 2017